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23 de julio de 2020

 

El drama sobre la esclavitud y la América colonial del cubano Tomás

Gutiérrez Alea en su película de 1976 "La última cena", será reestrenado

en su versión digital restaurada por la Cinemateca de Cuba en los

festivales italianos de Bolonia y Venecia. Este viene a sumarse a la

serie de recuperaciones que la institución inició con la Academia de

Hollywood de varios de los títulos más señeros en la primera etapa del

maestro Gutiérrez Alea, conocido en la isla como "Titón".

 

El film del retratista de la Cuba postrevolucionaria, Gutiérrez Alea, se

codeará con otras 13 obras clásicas de directores como Fritz Lang,

Germi, Antonioni, Scorsese, Lumet o Melville, dentro de la sección

"Venecia Clásicos 2020", de la Mostra.

 

Primero, "La ultima cena" pasará por el Festival de Cine de Bolonia, Il

Cinema Ritrovato, ciudad donde se ha presentado ya parte de la

filmografía del aclamado director cubano en sus versiones digitales.

 

"La última cena" se ambienta en el siglo XVIII, en pleno colonialismo de

América, en la que la nobleza cubana presumía de las condiciones de su

esclavitud, más benévolas que de costumbre. Un conde decide poner en

práctica su teoría durante Semana Santa. El film, uno de los más

premiados de la historia cubana incluyendo triunfo en el Festival de

Chicago, lo protagonizaba Nelson Villagra, Silvano Rey o Luis Alberto

García.

 

De la cinta, "Titón" contó a El País un año después de su estreno: "Nos

planteamos hacer una película, en un sentido lineal, muy simple. Basada

en una anécdota histórica muy sencilla pero muy reveladora para

nosotros. No pusimos mucho énfasis en el aspecto de la rebelión de los

esclavos. Estos tienen un ansia de libertad muy elemental. Se puede

considerar como un germen de lo que va a venir después, cuando lleguen a

coincidir con el tiempo los intereses de los esclavos y los de la

burguesía criolla, es decir, a mediados del siglo XIX, unos sesenta años

después de la época en que transcurre la acción de 'La última cena'".

 

"Lo que me interesaba -añadía- era el hecho de que evidenciaba muy

claramente la manipulación de la religión por parte de la clase

dominante, lo que se traduce en una gran hipocresía. El conde de Casa

Bayona, propietario de la hacienda, es probable que no quisiera ser un

gran explotador. A él le gustaría que los esclavos comprendieran su

destino, de esclavos sin necesidad de maltratarlos. La demanda le exige

incrementar la producción y su personalidad sufre una especie de

desdoblamiento en dos personajes que actúan en la película: el capellán,

que supone el hombre bueno y el capataz que actúa como mero represor".

 

"Fue un cine de ruptura, muy auténtico, muy apegado a la realidad y que

fue muy renovador en su momento. Aportó varios clásicos al cine

iberoamericano", decía Luciano Castillo sobre el cineasta. "Su obra

trasciende a Cuba. Fue un visionario y estoy muy agradecida de que todas

estas obras se rescaten", dijo Mirtha Ibarra, viuda del cineasta y

actriz en varios de sus films.

 

En Bolonia, la cinta será estrenada entre el los próximos 25 y 31 de

agosto. Mientras que, en Venecia, se proyeccionará desde el 2 de septiembre.

 

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