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6 de octubre de 2021

 

La madre de Janis representa a la madre ausente. Era una hippy a

principios de los 70 que le puso a su cría el nombre de Janis en honor a

Janis Joplin. La madre ausente moriría como su ídolo a los veintisiete

años por las mismas razones que la cantante.

 

La abuela Cecilia ejerció de madre real de Janis, fue la que la educó y

la formó. Le dejó como legado que abriera la fosa que hay a las afueras

del pueblo, donde fue enterrado su padre junto a otros paisanos en los

primeros días de la guerra civil. En el año 2016, año en que comienza

esta historia, Janis todavía no lo ha conseguido, pero sigue intentándolo.

 

La película comienza con una sesión de fotos, Janis (Penélope Cruz) es

fotógrafa y le está haciendo un retrato a Arturo Buendía (Israel

Elejalde), un antropólogo forense, miembro de una fundación navarra que

ya ha intervenido en la exhumación de una fosa. Arturo será el que

dirija la apertura de la fosa de su bisabuelo, pero eso ocurrirá tres

años después, en 2019, al final de esta historia.

 

Arturo se convierte en amante de Janis. Sin buscarlo, Janis queda

embarazada, pero Arturo está casado. Su mujer está enferma de cáncer.

Cuando Janis le anuncia que está embarazada, Arturo -atribulado por las

circunstancias- le dice que su mujer está recibiendo un tratamiento de

quimioterapia y no le parece el mejor momento para confesarle que va a

tener un hijo fuera del matrimonio. Janis le libera de toda

responsabilidad, ella se hará cargo del bebé, pero para ello le pide que

se separen y no se vean. Es una condición dura y drástica que Arturo no

puede sino acatar.

 

Como su propia madre y como su abuela, Janis se enfrenta con energía a

su próxima maternidad en solitario. Siempre quiso ser madre y aunque no

haya elegido el momento no está dispuesta a dejar pasar la oportunidad.

Su abuela fue toda su familia y Janis siente la necesidad de ser madre,

de crear una familia.

 

En la habitación del hospital donde va a dar a luz coincide con una

chica, Ana (Milena Smit), diecisiete años, asustada y traumatizada ante

su próxima maternidad. Janis se compadece de ella y desde ese instante

se comporta como si fuera la madre de Ana. Las dos serán madres

solteras, ambas quedaron embarazadas por accidente. Janis intenta

contagiarle a Ana su ilusión y entusiasmo. En el futuro van a llevar

vidas paralelas, pero en el hospital, cuando Janis le confiesa que ".no

se arrepiente", Ana le dice que ella sí. Janis es la madre vocacional, y

Ana la madre casual.

 

En el hospital aparece Teresa (Aitana Sánchez Gijón), la madre biológica

de Ana, la madre imperfecta, carente de instinto maternal que, al

separarse del padre de Ana, no dudó en entregarle a la niña. A su

manera, Ana se ha sentido más huérfana de lo que siempre se sintió

Janis. Las dos dan a luz a la vez, sendas niñas, que horas después están

en observación, la de Janis porque tenía problemas con la respiración

extrauterina y la de Ana porque tiene bajo el azúcar en sangre, cosas

sin importancia.

 

Exhaustas, las dos flamantes madres se encuentran en la habitación de

Janis. La experiencia ha cambiado radicalmente a Ana, el tiempo que tuvo

a su cría recién nacida acostada sobre su pecho, sintiendo su pequeño

corazón palpitando al unísono con el suyo, ha borrado todo el miedo y la

incertidumbre que sentía antes del parto.

 

Todos estos elementos pertenecen al género melodramático, pero yo decidí

que Madres Paralelas sería un drama tenso y contenido, duro de

interpretar y con una protagonista que tal vez no sea un modelo de

conducta pero que me atraía justamente por eso.

 

A los pocos meses una serie de circunstancias concatenadas le demuestran

a Janis, después de una prueba de ADN, que no es la madre biológica de

Cecilia, el bebé que le entregaron en el hospital y cuya crianza se ha

convertido en el motor de su vida. Arturo tampoco es el padre. Confusa y

desgarrada, nada más enterarse Janis hace algunas llamadas para que le

ayuden a tomar una decisión, llama a un abogado, a Arturo, a Ana, pero

no encuentra a ninguno. Después de horas de angustia Janis decide

enterrar su secreto, vivir como lo ha hecho hasta entonces, trabajando y

cuidando de Cecilia, desactivar totalmente el pensamiento de que no es

su hija, dejándose llevar por el amor absoluto que siente por la niña.

Reacciona de un modo tan drástico como cuando rompió con Arturo. Janis

es una mujer de decisiones férreas por las que después tiene que pagar

un alto precio.

 

Se aísla, cambia de número de teléfono, deja de llamar a Ana, con quien

mantenía una amistad telefónica desde que salieron del hospital. Tiene

la sospecha infundada de que en el hospital podrían haberse equivocado y

haberle entregado su hija a Ana y ella haber recibido la de la

adolescente. Por eso la llamó nada más enterarse, para hacerla partícipe

del descubrimiento, pero al no encontrarla se echa atrás. Su única

certeza es que adora a Cecilia y que no concibe la vida sin ella.

 

Una mañana, cuando Cecilia ya tiene un año, Janis baja a la terraza que

hay junto a su casa, en la esquina de la Plaza Comendadoras. Pide un

café y le atiende una chica joven de aspecto dulcemente andrógino.

Cuando repara en ella Janis descubre que es Ana, el corte de pelo la

cambia tanto que resulta irreconocible.

 

Ana le cuenta que trabaja de camarera en la terraza, que ya ha cumplido

dieciocho años y se ha ido de casa de su madre. El encuentro ".casual"

tiene aromas de Patricia Highsmith y de Hitchcock, una sorpresa

inquietante. Aunque lo disimule, Janis se siente amenazada por la

presencia de Ana. Para explicar su repentina vecindad, Ana le confiesa

que realmente vino a su casa, a casa de Janis, pero que no se atrevió a

pulsar el timbre y se pasó por el bar de la esquina, donde encontró

trabajo. Janis disimula su sorpresa y se siente desarmada ante la

absoluta naturalidad, carente de malicia, de la joven Ana.

Deliberadamente no le pregunta por su hija, pero el súbito cambio de

aspecto y de vida de Ana la perturba, el hecho de que haya venido a

buscarla le hace temer que tenga alguna relación con su pequeña Cecilia,

por absurdo que parezca. Janis prácticamente sale huyendo cuando coge un

taxi que la lleva al estudio donde trabaja ese día, antes invita a Ana a

su casa después del trabajo.

 

Nada más abrirle la puerta de la casa lo primero que le pregunta es por

su hija, también llamada Ana. Si se ha fugado de casa de su madre, ¿se

la ha llevado con ella?, ¿la deja en una guardaría durante las horas que

trabaja en el bar? Janis la bombardea con preguntas del estilo mientras

Ana guarda silencio, descompuesta por la pena. ¿Te pasa algo?, termina

por preguntarle Janis. Mi Anita ha muerto, le responde Ana llorando.

Janis se queda de piedra, en el supuesto de que les intercambiaran las

niñas (aunque solo sea una hipótesis) acaba de enterarse de que su

posible hija ha muerto. (No tiene ninguna demostración real, se siente

confusa y paranoica.) Las dos mujeres sufren paralelamente. A Ana le

conmueve que Janis empatice tanto con su dolor. De nuevo Janis debe

disimular el torbellino de emociones que le provoca la información de

Ana. Ana le enseña una foto de Anita, rebosante de salud (y Janis

encuentra algún rasgo familiar en la foto). Le explica que lo suyo fue

muerte súbita. Algo muy poco usual que puede ocurrirle a los bebes de

pocos meses cuyo cerebro, todavía inmaduro, se olvida de dar la orden de

respirar. Para huir de la mirada de Ana, Janis se acerca al monitor que

muestra la imagen de Cecilia, un ruidito le indica que acaba de

despertarse. Ana se levanta y contempla junto a Janis la imagen de la

niña en el monitor. Janis la invita a verla en la habitación. La joven

madre se derrite ante la contemplación de la niña, Janis las mira a las

dos imaginándoselas como madre e hija, anticipándose al drama.

 

La situación le produce algo parecido al vértigo, el miedo al vacío hace

que las personas con vértigo sientan una intensa atracción hacia el

abismo. Janis siente la misma pulsión irracional con Ana. El miedo de

que Ana sea la madre biológica de Cecilia, en vez de tratar de alejarla

de su vida, la empuja a la reacción opuesta: Janis le propone a Ana

trabajar en su casa y ocuparse de Cecilia, pues se quedó sin niñera y

necesita a alguien que se ocupe de su hija. Por su parte Ana siente una

gran atracción por Janis desde el día que coincidieron en el hospital,

la posibilidad de vivir con ella y además dedicarse a Cecilia es lo más

parecido a un sueño. La muerte de su hija le ha dejado un vacío que

Cecilia llenará, Ana está entusiasmada con la idea.

 

Una vez que viven juntas Janis le toma unas muestras de saliva a Ana y a

la niña, con el pretexto engañoso de que va a hacerles una analítica

completa pero la auténtica razón es hacerles una prueba genética de

maternidad. Y la prueba da positiva. Todo lo que parecía producto de su

paranoia es cierto. Ana es la madre biológica de Cecilia.

 

Janis no está dispuesta a entregarle su hija a Ana, de momento trata de

convertirla en la mejor ama de casa por si algún día tiene las fuerzas

de hacer la trasferencia. Y el dilema moral en el que vive Janis se

convierte en el punto central de la narración, un silencio que la

carcome de dolor y vergüenza.

 

(*): Este texto de Pedro Almodóvar, remitido a nuestra redacción por su

productora El Deseo, describe detalles de su película "Madres

paralelas", que se estrena el viernes 8 de octubre. Por su tamaño, lo

hemos divido en dos entregas, este miércoles y jueves.

 

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