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2 de noviembre de 2016

Entre 2013 y 2015 tuve la enorme suerte de presentar en muchos lugares

mi primera película, el documental "Món petit" (Mundo pequeño). Era una

producción que hicimos durante años, la historia de un joven, Albert,

que, en silla de ruedas y sin dinero, viajaba por el mundo solo desde

los 14 años, y cuya misión definitiva era llegar al rincón más alejado

de su casa, de Barcelona a Nueva Zelanda. Pasó de estar apunto de morir

a lograr una hazaña inimaginable.  Vi cómo esa historia ayudaba a la

gente, personas de todo tipo abrazaban a Albert al final de las

proyecciones... incluso ahora sabemos de gente que dejó todos sus

problemas atrás y se puso a viajar en bicicleta por todo el mundo

inspirados por el film. El proceso de hacer una película es siempre

duro, pero imagino que pocas veces puede ser tan gratificante.

 

Tras aprender tanto y darme tanto a nivel humano y emocional con esa

pequeña producción, no pasaba por mi cabeza nada más que poder hacer

otra película que compartiera esos elementos, otra historia con la que

pudiera aprender. El mundo está lleno de gente extraordinaria capaz de

hacer cosas inimaginables. El mundo les necesita, y los que hacemos

películas también. O al menos yo les necesito, porque no soy tan buen

guionista.

 

Y cuando uno trabaja con grandes productores, cosas buenas pasan.

 

Los primeros en aterrizar fueron Karra Elejalde y Alexandra Jiménez.

Pero el personaje de Ramón, el más importante, fue el más difícil. Uno

siempre lo espera todo de su protagonista. En las primeras versiones de

guion el personaje tenía 45 años, así que pensamos en los mejores de esa

generación, pero luego, por decisiones de guion, rebajé la edad del

protagonista. Y pensamos un poquito más. Hasta que, un buen día, Karra

nos dijo "¿Habéis pensado en Dani Rovira (su coprotagonista en "Ocho

apellidos vascos" y su secuela)?".

 

Y sí, Karra y Dani volverían a hacer de yerno y suegro. Estaba en el

plan que muchos nos llamaran oportunistas, pero daba igual. El reto del

cambio del registro era todavía más divertido. Cada uno el suyo. Filmax

eran especialistas en género, yo venía del documental... ¿Así que por

qué no? Y yo necesitaba a actores brillantes capaces de dar capas a los

personajes, capaces de emocionar y de mejorar lo que había escrito.

 

Básicamente, la fórmula que teníamos era: un director novel trabajando

con una productora especialista en terror con los dos actores más

famosos de la comedia actual haciendo un drama, con toques de humor,

sobre una enfermedad degenerativa.

 

Pero si Ramón Arroyo terminó un Iron Man... #ChallengeAccepted que diría

aquél. Y había algo más: Ramón Arroyo, como Albert en su día, es la

excepción en esta enfermedad, y yo quería mostrar también a los que no

pueden hacer el Iron Man, porque esto va sobre todos ellos; mi intención

era enseñar un caso dentro de muchos otros casos de la llamada

"enfermedad de las 1000 caras".

 

Por eso, aposté porque la figuración, los extras de la película, fueran

gente que sufría de Esclerosis y otras de enfermedades degenerativas,

gente que quisiera ayudarnos desde la más pura verdad. El Institut

Guttman y todo su equipo de neurólogos, especialistas... se unió a

nosotros haciéndonos uno de los mayores regalos que hemos tenido como

profesionales.  Rodamos con ellos escenas clave de la película y con

decenas de sus pacientes como actores, pacientes que hicieron sus 100

metros para venir a rodar, que nos regalaron su esfuerzo y su ilusión.

 

Por esa misma razón y ya en pleno rodaje no pude contenerme y llamé a mi

admirado actor Bruno Bergonzini,  que sufre de Esclerosis Múltiple, para

que se uniera al proyecto. Y Bruno, perfecto en sus papeles, nos dio

algunos de los momentos más mágicos del rodaje con su sabiduría,

ejemplo, experiencia e inspiración. Y para el "mundo Iron Man" hicimos

algo similar;  triatletas profesionales  dieron vida a nuestro Iron Man

de ficción, un Iron Man luchado en lo más frío del frío invierno y

perfectamente recreado gracias a ellos, al equipo de Arte (toda la

carrera que se ve en la película es recreación de Arte) y a la buena

gente de Calella, que nos lo dio todo y nos lo puso todo tan fácil, con

miles de personas participando en nuestro rodaje por amor al proyecto y

a su ciudad. Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a todos ellos.

 

A cualquiera, lo siguiente le puede suponer una soberana cursilada, pero

para un cinéfilo -y si es director casi novel como yo todavía más- ver

cómo cientos de personas van a una para crear lo que estaba escrito, eso

es la magia del cine.

 

Imaginad pues cómo de enorme ha sido el honor de trabajar con Filmax,

con Dani, con Karra, Alexandra, Maria de Medeiros David Verdaguer, Clara

Segura... y con un equipo artístico y técnico con el que uno solo puede

aprender.

 

Para todos nosotros estos "100 metros" han sido kilómetros, meses, años,

de un viaje lleno de emociones. Espero que os llegue algo de esa emoción

durante los 105 minutos de la película.

 

(*): Este viernes se estrena en salas españolas el drama basado en la

historia real de Ramón Arroyo (Dani Rovira), quien cuando es

diagnosticado de esclerosis múltiple decide plantarle cara a la vida

participando en la prueba deportiva más dura del planeta. Con la ayuda

de su mujer (Alexandra Jiménez) y el gruñón de su suegro (Karra

Elejalde), Ramón inicia un peculiar entrenamiento en el que luchará

contra sus limitaciones, demostrándole al mundo que rendirse nunca es

 

una opción.