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2 de noviembre de 2016

En un interesante artículo de Ryan Bort en la revista Newsweek se

denuncia cómo desde la primera infancia el origen racial y social en

Estados Unidos está condicionando sus futuras oportunidades, ya que los

más pobres, latinos y afroamericanos, disponen de escuelas de menor

nivel, con menos medios y peores profesores.

 

Hay algunas ideas equivocadas sobre la segregación escolar en Estados

Unidos que han circulado por allí. Una es que se acabó con Brown v.

Board of Education, el histórico caso que terminó en 1954 con la Suprema

Corte declarando que ordenar la segregación era inconstitucional. Otra

es que la segregación escolar es un problema confinado al sur del país.

Esta línea de pensamiento dice que el sur es de donde proviene el

racismo, y a ellos deberíamos culpar de todo. Pero como John Oliver lo

señaló en Last Week Tonight el domingo, no sólo la segregación escolar

todavía es un problema en Estados Unidos, incluso es un problema en

semilleros liberales. Según el Proyecto de Derechos Civiles de la UCLA,

el sur es la región menos segregada del país para los estudiantes

negros. ¿La más segregada? El estado de Nueva York, debido en gran

medida a la Ciudad de Nueva York.

 

Más alarmante que cualquier desglose regional es el que las escuelas se

están volviendo cada vez más segregadas. En 1988, había 2752 escuelas

donde uno por ciento o menos del cuerpo estudiantil era blanco; en 2011,

esa cifra se había más que duplicado, a 6727. ¿Cómo es esto posible?

Para empezar, la desegregación conlleva trabajo. Es mucho más fácil

logísticamente hablando que los muchachos simplemente asistan a las

escuelas de sus vecindarios, y como tantísimos vecindarios están

segregados, también lo están las escuelas. El problema también ha sido

presentado en cortes de todo el país, las cuales en gran medida fallaron

en contra de varios planes de desegregación. “El discurso prevaleciente

fue que la desegregación imponía un costo demasiado alto a los

estudiantes por un beneficio que ya no era necesario”, dice Oliver.

 

Pero es necesario. No sorprende, dice él, que las escuelas con cuerpos

estudiantiles predominantemente negros o latinos tengan menos recursos,

peores instalaciones y profesores menos experimentados que las escuelas

predominantemente blancas. Esto importa. Rucker Johnson, profesor de

Berkeley, halló que a los niños negros quienes asistían a escuelas

desegregadas les iba mejor que a sus hermanos quienes asistían a

escuelas segregadas, al igual que sus hijos. Quienes asistían a escuelas

desegregadas tenían más posibilidades de graduarse, y tenían 22 por

ciento menos posibilidades de ser encarcelados. Él no halló un efecto en

absoluto en los niños blancos de escuelas desegregadas.

 

Los efectos de la segregación se extienden más allá del rendimiento

académico. Dada la disparidad enorme en recursos y estándares, los niños

quienes asisten a escuelas predominantemente negras o latinas a menudo

sienten que no son tan buenos como los niños blancos. Lo contrario

también es cierto. Oliver reprodujo un video de un niño blanco a quien

le piden que señale niños “buenos” y niños “malos” cuando le presentaron

una serie de caricaturas que contenían varios tonos de piel. Puede

adivinar los resultados. La madre del niño se veía horrorizada, y lo

culpó apropiadamente a una falta de exposición a otras razas. “Las

escuelas segregadas provocan un daño devastador en niños reales”, dice

Oliver. “No sólo en su educación, sino en su mismísimo sentido de

 

autoestima”.