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7 de enero de 2021

La película de Fernando Trueba "El olvido que seremos", candidata colombiana al Oscar Internacional y al Goya Iberoamericano ha sido una experiencia inolvidable para su protagonista, Javier Cámara, no sólo en lo profesional, también en lo humano. "Es una historia muy potente en la que he hecho un viaje muy íntimo, muy personal", asegura el actor, quien tras trabajar con Almodóvar vio abrirse una amplia avenida hacia la internacionalización.

Adaptación del libro homónimo de Héctor Abad Faciolince sobre su padre, un médico humanista asesinado por paramilitares hace cuatro décadas, en plena guerra civil larvada en Colombia, "El olvido que seremos" ha visto su difusión afectada por la pandemia. Iba a estrenarse en el Festival de Cannes, pero acabo teniendo su primera proyección en un autocine colombiano y la internacional en la clausura del Festival de San Sebastián, fuera de concurso. En España, país de su director y su protagonista, el lanzamiento en salas previsto para agosto 2020 se cambió a marzo de este año.

En ella, Cámara da vida al doctor Héctor Abad Gómez. "Este hombre - explica al boletín de AISGE- vivió en una época tremenda en Colombia. Era un pandemista que trabajó en la Organización Mundial de la Salud y luchó mucho por la gente pobre de su país hasta que le asesinaron. Años más tarde su hijo puso su historia en un libro: es un manual de amor de un padre hacia un hijo y de un hijo a un padre".

Su conocimiento del personaje real y su entorno, así como el rodaje, dejaron una marca indeleble en el actor riojano. "Nos sucedieron cosas íntimas. Yo estaba repasando el guion vestido de mi personaje y vi a un matrimonio de unos 45 años mirándome. De repente el tipo se me acercó y me preguntó: '¿Te puedo abrazar?'. Se quedó cinco minutos llorando en mi hombro. Me mojó. Y luego me susurró: 'Abuelo, nunca me pude despedir de ti'. Mi esposa en la ficción me explicó que aquel hombre era nieto del doctor Abad, mi papel, al que asesinaron cuando él tenía 12 años".

En la larga y emotiva charla con Eduardo Verdú para AISGE, el protagonista de "Hable con ella" y "Truman" confiesa sus miedos e inseguridades, cómo precisó de terapia para sobrellevarlas, y describe los cambios en su relación con la profesión de actor.

"Ya no tengo miedo -detalla- a nada. ¿A qué coño vas a tener miedo en esta profesión si hay una red que te recoge? Tienes confianza en el director, unos buenos compañeros al lado y hasta puedes repetir si te has equivocado. Ahora me siento más cómodo en mi trabajo, lo disfruto más, no me pongo tan nervioso. Veo que respiro más tranquilamente. Eso me ha pasado ya en varios rodajes con Ricardo Darín, María Pujalte, Carmen Machi, Jude Law o John Malkovich, que tiene una pausa que yo digo:'¡Hostia puta! Este tío no está nervioso y tiene una escena de 10 páginas sin parar de hablar'. Ahora tengo que aprender a que en mi trabajo haya calma, haya juego, que cuando digan '¡Acción!' yo esté preparado para la aventura. Todo eso es lo que te enseñan en primero de escuela. Pues 30 años después estoy como en primero, pero ahora sé lo que no hay que hacer. Y lo que sí hay que hacer me gusta mucho. Lo tienes que gozar".

"Debo haber tenido una ambición inconsciente que me ha manejado en lo profundo. Me gusta mucho ponerme al servicio del director y me encanta mi trabajo, aunque lo paso muy mal cuando no funciona o cuando elijo algo que no sé hacer. En esos momentos quiero dejar la profesión", agrega.

Javier Cámara considera que cada película tiene -para él- su propia experiencia paralela: "Que las películas nos sirvan para recordar cómo lo pasamos. 'Esa película te cambió la vida', dicen. Pues no: la película es lo que está ahí, pero lo flipante es lo que está detrás. Y yo no quiero olvidarme de eso. Hay cosas que no enseñan en ninguna escuela de Arte Dramático: esta profesión es muy bonita si la disfrutas, si juegas, si no envidias, si vas con la prisa justa. Haz lo que te dicen, estudia, memoriza, apréndete el guion como el puto padrenuestro, no te tropieces con los muebles, sé buen compañero, repasa tu texto continuamente, compórtate bien, sonríe, no pienses que tienes las llaves de nada, las películas son de los directores y tú eres un buen engranaje de una cadena preciosa, ponte a disposición del resto, disfruta de este puto camino maravilloso. No has venido a alterar el mundo de nadie, pero si estás donde tienes que estar, tu vida va a cambiar, tu mundo va a cambiar. Y no hay mejor tren que una profesión en la que estás sensible, frágil, en la que cuando conoces tus miedos te haces más fuerte. Eso es lo que te gustaría que te dijeran desde el principio. Yo no quiero llegar a ningún sitio, lo que quiero es gozarme los viajes. A mí no me importa dónde, me importa con quién. Me da igual que sean las personas más talentosas y brillantes del mundo, lo que me apetece es que sean buena gente y que en el viaje defendamos una cosa en la que el director confíe".

 

© NOTICINE.com / Foto: Enrique Cidoncha