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13 de octubre de 2021

 

La secuela de "Venom" es una segunda parte rutinaria en la que el

superhéroe pierde sus poderes (y a su compañero) a la vez que surge un

nuevo villano. Lo único que el público va a recordar al terminarse los

90 minutos que dura "Venom: Habrá matanza / Carnage Liberado / Let There

Be Carnage" (2021) es la escena post créditos que además de promocionar

la próxima película, como es la costumbre, promete el tipo de cambio en

las reglas de juego que vende clicks y titulares.

 

"A la gente le gustan los asesinos seriales", sonríe Cletus Kasady

(Woody Harrelson) tras las rejas y a días de la inyección letal. El

chiste es que Harrelson se recibió de "Asesinos natos / Asesinos por

naturaleza / Natural Born Killers (1994) como el seminal psicópata

Mickey Knox, pero Cletus no posee su carisma ni el más mínimo resabio

intimidante. Cuando escapa y une fuerzas con su amada Shriek (Naomie

Harris) el resultado es una versión edulcorada y abreviada de la dupla

de Mickey y Mallory Knox.

 

Ambos representan una mejoría (aunque sea pintoresca) con respecto al

anterior malo, pero no son muy convincentes como amenaza, ni su plan es

particularmente diabólico, ni se les desarrolla más allá de su

presentación. Su conexión con el protagonista es apenas tenue, producto

del capricho y la coincidencia. Son la parte más floja de una película

que apenas los usa y casi ni los necesita.

 

Eddie Brock (Tom Hardy) comparte su cuerpo con Venom, un parásito

alienígena que complementa la personalidad obsesiva y vacilante de Eddie

con un id asesino (y constantemente hambriento). Ya charlen

telepáticamente o Venom se le presente cara a cara (se extiende del

cuerpo de Eddie como una viscosa masa de tentáculos) la fórmula es la de

la pareja dispareja. Si los malos poseen pésima química entre sí, Hardy

tiene una excelente química con sí mismo.

 

De nuevo el actor / productor es la mejor parte de la cinta, componiendo

un unipersonal absurdo y entretenido. Borren al alienígena digital y

esencialmente interpreta a un esquizofrénico obsesivo-compulsivo.

Descarten la trama que lo pone a pelear contra otro alienígena digital

-por motivos tan forzados que revelan la mano de la guionista Kelly

Marcel- y lo que queda es una comedia pseudo romántica entre el

reprimido Eddie y la faceta más desinhibida de sí mismo.

 

"Venom: Habrá matanza / Carnage Liberado / Let There Be Carnage" es

marginalmente superior a su predecesora, dejándose llevar por la

ridiculez de su concepto y dedicándole más atención a la relación

central que define el tono y el humor de la historia. Pero sus intentos

de comedia oscilan entre desesperados y predecibles, el curso de la

trama (casual, insípida, moteada con detalles tontos o sinsentido) tiene

una previsión maquinaria y en materia de acción o violencia no hay nada

tan memorable como para justificar la "carnicería" o "liberación" del

título.

 

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