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10 de septiembre de 2021

 

En todo un planeta de extrema desigualdad social, en el cine, vemos que

los cineastas mexicanos lo retratan mejor. Esto podría deberse a que la

sociedad mexicana exhibe en su seno aún más la disparidad de la que se

ve en otros lugares: los ricos son más ricos y venales, los pobres más

desesperados y excluidos. Todo el principio de gran parte de la sociedad

de la posguerra Fría -que la riqueza se "filtra " y la movilidad social

no es una fantasía- está siendo interrogado con urgencia por directores

como Michel Franco y ahora Joaquín del Paso, en su nuevo largometraje

"El hoyo en la cerca" (2021), que se estrenó en la competitiva sección

Orizzonti de la Mostra de Venecia.

 

Este es un trabajo eminentemente bien hecho, bien diseñado y visible,

con excelentes actuaciones de improvisación de jóvenes adolescentes que

actúan por primera vez ("Nunca trabajes con niños y animales" es la

perogrullada cinematográfica que los directores toman como un desafío).

Puede ser una afirmación extraña a la luz de la comparación con Michel

Franco, pero "El hoyo en la cerca" aún se deshace ligeramente debido a

su tono sensacionalista y los aspectos más vagos de su dura crítica de

la educación religiosa. Cuando una película es tan política como

incoherente, el primer elemento pierde su efecto.

 

A pesar de su base en la realidad (el director estuvo en una institución

educativa similar en su juventud), "El hoyo en la cerca" tal vez no

confía lo suficiente en su audiencia como para ver el campamento de Los

Pinos como un escalofrío escalofriante, sin filmarlo como si esta fue

una película de terror estadounidense. Es un campamento católico de

campo, a veces con los rituales autoritarios de Salò. Tampoco hay un

carácter focalizador: la atención pasa de los niños pequeños que se

intimidan constantemente entre sí, a los sádicos consejeros y educadores

del campamento. Tiene una estructura episódica, pero la sensación de

escalada suele ser muy poderosa, a pesar de otras dudas que podamos tener.

 

Los asistentes al campamento de Los Pinos encontrarán un itinerario

aterrador de oraciones, amplios juegos violentos, actos egoístas de

altruismo (una donación de alimentos al pueblo empobrecido cercano) y

paranoia. Eduardo (Yubá Ortega), un niño becado de origen indígena, es

acosado hasta un punto que se siente extremo, incluso por parte de los

niños de esta edad. Los consejeros del campamento, los profesores

Monteros (Enrique Lascuráin) y Stuhr (Jacek Poniedziałek), engañan a los

niños diciéndoles que un hombre extraño y malvado está inspeccionando

los terrenos y el bosque contiguo, cuando en realidad es un "actor" que

han contratado, tratando de inculcar en ellos ciertas malas actitudes

sociales. El hecho de que este sea también un punto clave de la trama en

la notoriamente tonta película de 2004 de M Night Shyamalan, "The

Village", muestra cómo la dramaturgia y la trama lastran a la película

de Del Paso.

 

A diferencia de ser débil o aburrido, los detalles de "El hoyo en la

cerca" no siempre resisten un escrutinio minucioso. Tiene un sentido

determinista de la naturaleza humana, y el aura de que "algo malo

sucederá", como un juego de porcelana fina a centímetros de caer de una

mesa, la consume directamente desde sus primeros planos de pájaros

coloridos, respaldados de manera incongruente por arpegios enfermizos de

sintetizador. Para algo con la ambición de diagnosticar la enfermedad

social de México, al "pensar en los niños", también existe el mensaje de

que el libre albedrío y el pensamiento son posibles en nuestra vida

adulta, y el futuro no está escrito: las experiencias desagradables de

la niñez son malditas.

 

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