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20 de julio de 2021

 

Con algunas comedias en su haber, y un parentesco con Spike Lee, Malcom

D. Lee es el encargado de recuperar la saga que cruzó animación,

personajes animados clásicos de la Warner, y el básquet, hace más de 20

años, en "Space Jam: Nuevas leyendas / Una nueva era / A New Legacy" (2021).

 

Sale Michael Jordan y entra Lebron James para acompañar a los clásicos

Looney Toones en una nueva vuelta de tuerca al match espacial que podría

definir el futuro del mundo. En este caso, el basquetbolista en cuestión

debe lidiar con su hijo adolescente, quien se las ingenió para

especializarse en un videojuego con características muy similares a la

del juego del que su padre es una estrella y en el que, caprichosamente,

y sin mucha explicación, terminarán dentro lidiando con un siniestro

villano de turno, encarnado por Don Cheadle, quien exigirá que para

salir de ese espacio virtual deban batirse a duelo en una partida, para

la cual los "humanos" contarán con la ayuda de los entrañables

personajes animados.

 

Allí están todos, o casi, los cancelados recientemente por Hollywood

brillan por su ausencia, como también las ideas para lograr un relato

original dentro de los parámetros que establecía la predecesora.

 

Entonces la película en vez de lanzar nuevas líneas argumentales,

recupera casi de manera calcada, la necesidad de generar una dupla entre

jugador / caricaturas, para así viabilizar su narrativa, la que, además,

y excesivamente, apunta a valerse del universo de los estudios Warner,

toda su sinergia, para promocionar y publicitar sus productos previos y

venideros.

 

Que "Space Jam: Nuevas leyendas / Una nueva era / A New Legacy" llegue a

cines y a la vez (con pago de un suplemento) a la plataforma HBO MAX,

tampoco es casualidad, convirtiendo a la película, en un eterno y

aburridísimo aviso publicitario que carece de la originalidad y la

gracia de su predecesora, la que, aun en sus limitaciones tecnológicas,

en comparación, termina saliendo victoriosa al contrastarla con esta

copia burda y sin sentido.

 

Algunos gags, humor, pero también mucha, mucha publicidad, terminan

debilitando una propuesta que bien podría haberse valido de la nostalgia

por la original y los icónicos personajes, pero tal como el villano de

turno, Al G. Ritmo, Malcom D. Lee, sólo se puso a responder a los

intereses de una industria que expulsa las ideas y pretende ir siempre a

la zona de confort de lo probado, el éxito garantizado, sin darse el

permiso para explorar nuevas opciones ante franquicias que tienen un

lugar en el corazón de los fanáticos, a quienes, una vez más, termina

por defraudar.

 

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