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10 de septiembre de 2021

 

No hay muchos relatos argentinos en los que el retrato de vida de una

adolescente pueda transmitir veracidad, acerca de aquellos retazos que

se quieren presentar como verosímiles y reales. Desde el origen de la

narración cinematográfica, y también la televisiva, el costumbrismo supo

adherirse a las historias, construyendo las bases de un género poco

explorado, reafirmando, en cada ocasión que se lo hizo, la inevitable

distancia entre el mundo reflejado y sus hacedores.

 

Desde la  "idealización " de cuerpos y clases, con Cris Morena

apuntalando mandatos hegemónicos patriarcales, a recientes reflexiones

disparadas por realizadores y realizadoras que a partir de un tema

vector, desarrollaron miradas particulares sobre lo que supuestamente

sería, para ellos y ellas, la vida adolescente ("Yo, Adolescente",

"Todos tenemos un muerto en el placar o un hijo en el clóset"), con sus

diferentes vicisitudes, no logra plasmarse aún, correctamente en

pantalla, el universo juvenil, por nombrarlo de alguna manera.

 

Pero en el caso de esta propuesta de Mariano Cattaneo, "La chica más

rara del mundo" (2021), es donde a partir del relato de Melién (Gina

Mastronicola), una joven introvertida que decide pasar más tiempo en los

universos que dibuja que en la vida real (a pesar de utilizar

estereotipos y subrayar lugares comunes), la conexión con lo fantástico,

género de donde proviene el realizador, reinventa este subgrupo de

propuestas superando con inteligencia y empeño, aquello que la

limitación presupuestaria le impone.

 

Así, en la generación de intriga sobre el devenir de Melién, con sus

garabatos que cobran vida y una pseudo investigación para descubrir qué

le sucedió a una joven que aparece y desaparece en forma misteriosa, la

película se presenta como una bocanada de aire fresco en medio de tanta

realización similar y que apuntan a reforzar ideales bien alejados de la

realidad. Y si bien se cuenta la historia desde una particular posición

de clase (familia acomodada económicamente, escuela privada), su

acercamiento a lo fantástico supera sus propios obstáculos.

 

A la carismática interpretación de su protagonista, se le suma un grupo

de jóvenes en donde se destaca Ornella D’Elia,  "villana " de turno, que

liderará un constante bullying sobre Melián pero que en realidad, como

buen cuento de fantasía, habrá una moraleja en la resolución para

justificar su accionar.

 

"La chica más rara del mundo" entretiene, y pese a algunos puntos que

deberían haberse reforzado para evitar que parlamentos solemnes,

principalmente dichos por los adultos, corten con la magia presentada

desde los efectos adicionales, su potente mensaje sobre la crudeza de la

vida de una chica que no encaja en un mundo que exige orden y 

"normalidad ", subsanan esas pequeñas incongruencias de una propuesta

diferente e innovadora desde lo visual.

 

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