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6 de agosto de 2020

    La primera película que Guillermo del Toro rodó en Hollywood, "Mimic",

    (1997) una experiencia que el mexicano califica de "terrorífica" (y no

    por el tema de la cinta), será readaptada por Miramax en forma de

    teleserie, de la mano de Paul W.S. Anderson y su socio Jeremy Bolt,

    creadores de la rentable saga "Resident Evil". El tapatío no intervendrá

    de ninguna manera en este proyecto.

 

    Y la verdad es que se entiende perfectamente. Aparte de que Del Toro

    anda como de costumbre en los últimos años jugando con múltiples barajas

    en sus facetas de productor, escritor y realizador, "Mimic" (1997) no le

    dejó ningún buen recuerdo. Al contrario, el rodaje resultó una

    experiencia traumática por la permanente presión y los conflictos con

    los hermanos Weinstein, por entonces gestores del estudio, que nació

    independiente en sus manos y siguió en ellas aunque desde unos pocos

    años antes bajo el paraguas de Disney.

 

    "Mimic", basada en un relato de Donald A. Wollheim sobre unos insectos

    geneticamente modificados que logran evolucionar hasta discutir al

    género humano el dominio de nuestra sociedad, fue el título con el que

    Del Toro, reciente ganador del Oscar, debutó en la Meca del Cine. Tres

    años antes, el jaliciense había dirigido en México su primer trabajo,

    "Cronos", que generó el interés de los hermanos judíos neoyoquinos.

 

    "Memo" no recibió un tratamiento distinto al que los célebres

    productores, padrinos del cine de autor en Estados Unidos, aplicaban al

    resto de sus realizadores en nómina. El autor filmaba y firmaba las

    películas, pero sus verdaderos autores eran ellos. Los Weinstein

    aprovecharon la bisoñez del mexicano para elegir ellos mismos el elenco

    y discutirle prácticamente cada movimiento de cámara.

 

    Según ha contado en varias entrevistas, no fue Harvey Weinstein, ahora

    purgando pena por acoso y abuso contra actrices y empleadas, sino su

    hermano Robert, quien supervisaba la producción y convirtió ésta en un

    camino de lágrimas para Del Toro, que tuvo que utilizar toda su

    inteligencia para sortear sus directrices y hasta cierto punto lograr

    una película suya, evitando ser sustituido por otro director antes de

    acabarla.

 

    Un simple detalle ejemplifica lo mal que debió pasarlo. "Memo" cuenta

    que cuando Pedro Almodóvar le citó para brindarse a producirle su

    siguiente trabajo ("El espinazo del diablo") en España, salió de la

    reunión llorando... pero de alegría: "Recuerdo que le dije a Pedro:

    'Quiero tener todo el poder de decisión sobre el montaje final de la

    película' (lo que no había ocurrido con 'Mimic'). Y él me contestó:

    'Pero, ¿cómo no ibas a tenerlo? ¡Tú eres el director!'. Entonces me puse

    a llorar".

 

    En 2011, ya Miramax fuera de la esfera de poder de los Weinstein,

    Guillermo del Toro pudo estrenar su "Director's Cut" de "Mimic",

    película de la que a pesar de todo nunca ha renegado.

 

    Ahora, la próxima adaptación de la historia en forma de serie nos ha

    servido para recordar la que el tapatío siempre ha considerado su

    experiencia más dura como director.

 

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