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27 de julio de 2020

 

Producciones iberoamericanas se llevaron los principales galardones del

Festival de Marsella (FID Marseille), clausurado el pasado fin de

semana. El documental chileno "Visión nocturna", de Carolina Moscoso, se

llevó el Gran Premio de la Competencia Internacional, y el argentino

"Río Turbio", de Tatiana Mazú, el Premio Georges de Beauregard, en el

mismo apartado.

 

Además, la coproducción franco-colombiana "Heliconia", de Paula

Rodríguez Polanco, obtuvo una mención especial entre las operas primas

del certamen.

 

"Visión nocturna", que logró anteriormente el Premio Especial del Jurado

en el Festival de Valdivia, es la opera prima de Moscoso, quien de

manera autobiográfica narra en primera persona, a partir de un video

diario, las secuelas psicológicas de una violación que sufrió ocho años

atrás en una playa cerca de Santiago de Chile.

 

"Las víctimas de violación sienten vergüenza de lo que les ocurrió. Lo

primero que me movilizó fue querer romper con ese legado vergonzoso y

pensar una forma de exponerla para traspasar esa barrera. Lo que hoy nos

atraviesa es la toma de conciencia colectiva de los abusos a todo nivel

y es de lo que se trata ‘Visión Nocturna’. La violación termina siendo

invisible amparada en leyes y largos procesos judiciales, cómodamente

sostenidos en el patriarcado, que vuelven a victimizar a las mujeres y

resultan en impunidad para los violadores. Nos enfrentamos solas a un

poder que tiene cero empatía con el daño histórico que el abuso sexual

ha ejercido sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas", explicó Moscoso a

Culturizarte.

 

Por su parte, "Río Turbio" reflexiona sobre la mujer y el oficio minero

en un pueblo del sur de Argentina. Según el mito aún vigente en los

pueblos carboneros de la Patagonia, si una mujer entra a mina, la tierra

se pone celosa. Hay entonces derrumbe y muerte. "Río turbio" parte de

una oscura experiencia personal para transformarse en una película sobre

el silencio de las mujeres que habitan pueblos de hombres. ¿Cómo filmar

donde nuestra presencia está prohibida? ¿Cómo grabar las resonancias de

lo que no suena? Mientras la niebla y el humo de la usina eléctrica

cubren el pueblo, las voces de las mujeres de Río Turbio se abren paso

con fuerza entre el blanco del hielo y los zumbidos de las máquinas

perforadoras, hasta hacer saltar por los aires la estructura del silencio.

 

"Río Turbio es lo que se llama 'un pueblo de hombres' y lo considero una

condensación de lo que la burguesía ha convertido en el mundo en el que

vivimos: una sórdida mezcla de destrucción de la naturaleza con

opresiones de clase y género. Personalmente, es el pueblo donde mi

abuela paradójicamente escapó en busca de algún tipo de libertad, y

ahora mi familia vive allí. Pero también es el lugar donde creció el

chico que me agredió sexualmente. La motivación inicial para hacer esta

película es sacar el movimiento de los recuerdos íntimos, que al final

nunca dejan de ser fragmentos de la historia a gran escala, hacia el

encuentro con las mujeres que viven a diario en ese paisaje y luchan por

transformarlo", dijo Mazú, quien presentó en Marsella una edición más

amplia de su film luego de participar con su versión de mediometraje el

año pasado en la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires.

 

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