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2 de octubre de 2019

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Técnicamente se llama enuresis a la incontinencia urinaria durante el

sueño, popularmente "hacerse pipí en la cama". Se trata habitualmente de

un problema pasajero, pero molesto y acomplejante para la niña o niño

que lo sufre, y engorroso para sus padres. Este fenómeno, dice Clarín,

se da por una combinación de factores biológicos, psicológicos y

sociales. Un especialista argentino asegura tener un remedio.

 

En caso de que se trate de enuresis primaria, es decir que nunca haya

logrado afianzar el aprendizaje, los factores biológicos asociados

pueden ser la herencia o el tipo de sueño. En cuanto a los factores

psicosociales, pudo haber condicionantes para que el niño no lograra la

adquisición de este aprendizaje.

 

“Generalmente, la enuresis impacta de forma negativa sobre la autoestima

del niño, lo cual a su vez repercute en la forma que el niño va a

relacionarse con sus pares y en su actitud para enfrentar los distintos

sucesos de la vida. Dificultades en generar lazos sociales, inseguridad

y timidez son algunas de las conductas que podemos observar en los

niños”, explica a Clarín María Paula Preve, licenciada en Psicología,

integrante del Departamento de Niños y Adolescentes y Editora de la

Revista Argentina de Clínica Psicológica de la Fundación Aiglé, una ONG

destinada a promover acciones en el campo de la salud y la educación que

sirvan para mejorar la calidad de vida de las personas.

 

Tratamiento individualizado

 

Sin embargo, existe un tratamiento que se está llevando a cabo en la

Argentina con muy buen impacto en los niños que padecen esta

problemática. Se trata del Modelo de Psicoterapia Cognitivo Integrativo

desarrollado por Héctor Fernández-Alvarez, implementado en la Fundación

Aiglé.

 

El tratamiento es individualizado, con aplicación de recursos en

diferentes niveles: grupos de niños, psicoeducación a la familia, uso de

dispositivos despertadores. Está pensado para chicos a partir de los

seis años con enuresis nocturna primaria que no requieran intervención

médica, que viven en contextos que pueden acompañarlos y para quienes

mojar la cama es un problema y están motivados en participar.

 

“El protagonista del tratamiento específico es el/la niño/a, consiste

habitualmente en sesiones semanales, y requiere del acompañamiento de la

familia aproximadamente una vez al mes. En estas sesiones se trabaja

para que se mantenga la motivación para sostener el aprendizaje mediante

actividades específicas que se realizan entre las sesiones. Algunos

ejercicios y registros específicos ayudan al proceso de conexión

neurobiológica entre la vejiga y el cerebro para fomentar el proceso de

maduración. Cada caso debe ser considerado en forma particular. No es lo

mismo que se haya alcanzado el control urinario y luego de 6 meses

vuelva a mojarse, a que no haya logrado afianzar el aprendizaje a lo

largo de su desarrollo. Además, hay un 30% de chicos que cuando llegan a

la consulta en muy pocas sesiones logran grandes mejorías, reduciendo

notablemente el tiempo de intervención”, explica a Clarín Edith Vega,

Doctora en Psicología, Coordinadora Docente de la Carrera de

Especialización en Psicoterapia de la Fundación Aiglé.