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22 de mayo de 2016

Entre los problemas mentales que el embarazo puede generar en algunas

mujeres está la pregorexia, que es simplemente un miedo obsesivo a

engordar durante la gestación. Por así decirlo, es una derivación de la

anorexia específica de las embarazadas, cuenta ABC.

 

Con el término pregorexia definimos un desorden alimenticio que se

padece durante el embarazo y que tiene que ver con el miedo a engordar.

Sin embargo, según la ginecóloga Fulvia Mancini, Responsable Médica de

clínicas Eva en Cataluña, no existe un trastorno tipificado como tal en

el Manual de Trastornos Mentales, ni siquiera un diagnóstico médico

empleado por los especialistas. El término, lo han acuñado los medios de

comunicación, lo que, aclara, «no significa que no sea real».

 

Estudios realizados en el Reino Unido aportan ya los primeros datos

sobre su incidencia en la población: que un 7.6% de las mujeres

embarazadas a las que se estudió tenía síntomas compatibles con

trastornos de la conducta alimentaria, y el 23.4% estaba muy preocupada

por su peso y su figura. La propia experta añade su cifra: se calcula

que el 30% de las gestantes no aumenta de peso de forma correcta, pero

sin que se pueda achacar un porcentaje exacto a la denominada pregorexia.

 

Así pues, parece que en la cuestión del culto obsesivo por la imagen y

el temor al aumento de peso debido a la presión social , las «imias» y

«exias» van por delante de su propio diagnostico. A la bulimia y a la

anorexia se vienen sumando otros desórdenes como la drunkorexia (no

comer para poder tomar el alcohol que se quiera, nivelando así las

calorías ingeridas) y ahora, la pregorexia.

 

Síntomas para detectar la pregorexia

 

En este último caso, la doctora Mancini si observa unas pautas con las

que identificar a quienes la padecen. Se trata de mujeres que «no hablan

del embarazo como si fuera real, cuentan obsesivamente las calorías,

intentan siempre comer solas o se saltan las comidas, entrenan

excesivamente, y pueden llegar a procurarse el vómito». En los tres

primeros meses del embarazo, estos síntomas pueden llegar a enmascararse

con los propios de la gestación: nauseas y vómitos, principalmente.

Algunas mujeres presentan problemas con según qué tipo de alimentos y

hasta pierden el apetito. Lo normal, añade, es que estas pacientes no

reconozcan su problema y que, además, rechacen el tratamiento. «Es muy

raro que admitan espontáneamente que tienen un problema de conducta

alimentaria», advierte.

 

La ginecóloga de Clínicas Eva recomienda a familiares y personas del

entorno que estén atentos en el caso de mujeres que hayan padecido

trastornos de la conducta alimentaria, como anorexia y bulimia. Ante

cualquier cambio en la relación con la comida, la pareja o los

familiares deberían ponerse en contacto con el ginecólogo o el médico de

cabecera. El doctor mismo debería sospecharlo en una paciente que no

aumenta, o pierde peso, durante el embarazo.

 

Si no se detecta, las consecuencias pueden ser graves para la madre,

pero devastadoras para el bebé. La madrepuede desarrollar anemia,

descalcificación ósea, baja producción de leche durante el postparto y

caída de cabello, entre otros. Las consecuencias en el feto pueden ser

muy graves. Durante el primer trimestre si la paciente no toma

suplementos vitamínicos, aumenta el riesgo de alteraciones del tubo

neural como la espina bífida. También aumenta la tasa de aborto

espontáneo. Durante el segundo y el tercer trimestre aumenta el riesgo

de parto prematuro, retraso de crecimiento intrauterino, retraso mental

o parálisis cerebral, malformaciones óseas, digestivas o

cardiovasculares. En casos muy graves se puede llegar a la muerte

intrauterina.

Aclarando mitos de peso en el embarazo

 

Por supuesto, durante los nueve meses de gestación no se debe comer por

dos. «Hay que ganar un número de kilos apropiado para la propia masa

corpórea. Si esto se hace correctamente, una vez se ha dado a luz, la

pérdida de peso es rápida y fisiológica, es decir, que no habrá que

hacer dietas estrictas, ni pasar hambre».

 

Lo aclara la experta, quien también advierte contra la falsa

preocupación de perder peso en el embarazo. Le ocurre a muchas pacientes

y de hecho, durante el primer trimestre muchas mujeres pierden algunos

kilos debido a las nauseas. Este peso se suele recuperar lentamente

durante el segundo y el tercer trimestre. En una mujer con sobrepeso u

obesa, perder un poco de peso es algo saludable. Eso sí, una pérdida de

peso excesiva puede provocar un retraso de crecimiento en el bebé u

otras complicaciones, como el parto prematuro.

 

Por último, Fulvia Mancini tranquiliza a quienes se preocupan

excesivamente por el aumento de kilos; una mujer con bajo peso es normal

que gane entre 13 y 18 kg. Sin embargo, una encinta obesa debería ganar

como mucho entre 5 y 9 kg. Para mujeres de peso normal, el estándar son

11-16 kg. Evidentemente, aclara la experta, «estos valores cambian si el

 

embarazo es gemelar».