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7 de octubre de 2019

El cerebro es el órgano que posibilita el aprendizaje y que, además,

está diseñado para aprender a lo largo de toda la vida. En esta premisa

se basa la neuroeducación, una disciplina que parte de la idea de que la

práctica pedagógica y las experiencias de aprendizaje pueden mejorar si

se conoce cómo aprende y cómo funciona el cerebro. En este sentido, los

neurocientíficos consideran que la emoción es una pieza clave en este

engranaje. ¿Y cómo entra la emoción en el aula? Expertas de la UOC

apuntan en Ecoaula que son esenciales dosis de humor, el trabajo en

equipo, el juego, la relajación, la música y el contacto de los

escolares con espacios naturales.

 

Las profesoras del seminario Neurociencia y educación, de UOC X -

Xtended Studies, Anna Carballo y Marta Portero, amplían cada uno de los

elementos que facilitan el aprendizaje en el aula proporcionando

estímulos y emociones al cerebro de pequeños y jóvenes.

 

- El humor: el uso de técnicas para fomentar el buen humor entre

estudiantes y maestros mejora el clima del aula, favorece oportunidades

de aprendizaje y disminuye la respuesta de estrés.

 

- El trabajo en grupo: la sociabilidad está directamente relacionada con

la felicidad y su ausencia se asocia con problemas de salud mental y

física, y también con discapacidades graves como el autismo. Cuando se

trabaja en grupo aumenta la liberación de moléculas como la oxitocina o

las endorfinas, que se relacionan con los mecanismos de aprendizaje.

Así, si el aprendizaje tiene lugar en un contexto grupal y cooperativo,

se pueden fomentar los procesos de empatía mediante el trabajo en

equipo, la cohesión social y la promoción de un rendimiento mejor.

 

- El juego: poder diseñar metodologías de aprendizaje mediante el juego

tiene efectos muy positivos, ya que el juego está considerado un

mecanismo neural natural que despierta la curiosidad, es placentero y

permite descubrir nuevas habilidades útiles. Las situaciones de juego

aumentan el bienestar, la autoestima, la curiosidad y la motivación para

aprender.

 

- La relajación: poder enseñar y practicar algunas técnicas de

relajación en el aula puede ser de utilidad teniendo en cuenta los

efectos beneficiosos para el organismo. En general aumenta la liberación

de neurotransmisores como la serotonina y las endorfinas, que fomentan

el bienestar emocional y un estado de atención relajada. Recientemente

hay estudios que evalúan los efectos de técnicas para la conciencia

plena (mindfulness) con una mejora de los procesos de aprendizaje y la

plasticidad cerebral.

 

- La música: la música cambia las vías neurales del cerebro e influye en

cómo se procesa la información cuando se presenta simultáneamente.

Además, se observa que provoca una mejora en el estado de ánimo y

promueve la relajación y la autorregulación de las reacciones

emocionales. Por lo tanto, el uso de la música en el contexto de

aprendizaje puede ser un método alternativo tanto en el ámbito educativo

como para intervenir en niños y niñas que tienen déficits cognitivos.

 

- El contacto con espacios naturales: cuando los niños se conectan con

la naturaleza aumentan los niveles de creatividad y la capacidad de

resolución de problemas, mejoran las habilidades cognitivas y el

rendimiento académico, disminuyen los síntomas del trastorno por déficit

de atención, aumenta la actividad física, mejoran la vista, las

relaciones sociales y la autodisciplina, y se reducen los niveles de estrés.

 

Las especialistas de la UOC también apuntan que el cuidado del cuerpo

repercute directamente sobre el mejor o peor rendimiento del cerebro y

de las funciones intelectuales superiores que permiten los procesos de

aprendizaje. Así pues, dormir bien, comer sano, gestionar bien las

emociones y hacer deporte facilitan la predisposición a aprender.