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4 de septiembre de 2016

¿Exigimos mucho a los niños desde el inicio de su formación? A esta

pregunta responde en El Nuevo Día Nellie Torres de Carella, patóloga del

habla y lenguaje y directora del Instituto Fonemi de Puerto Rico. "Mi

nene se colgó en prekínder", dijo, muy afligida, una madre, lo cual

provocó risa porque parecía una broma. ¿Cómo era posible que un niño

fracasara a los 4 años en un preescolar? ¿No se supone que a esa edad

solo jueguen, socialicen, canten, hagan manualidades, manipulen

plasticina, aprendan a esperar su turno y el vocabulario básico? El

bulto del niño evidenció que no era una broma, sino la terrible realidad

que están viviendo muchos de nuestros niños. El mismo era tan pesado que

a la mamá le costaba cargarlo y estaba lleno de libros de alto contenido

académico, reflejo de un currículo avanzado que su niño no había podido

dominar.

 

¿Por qué un niño de 4 a 5 años tiene que ser expuesto a un currículo tan

acelerado para el cual no se supone que esté listo en términos de

desarrollo motor, sensorial, neurológico, emocional o lingüístico?

 

¿Cuál es la raíz de este problema?

 

Este fenómeno prolifera cada día más por dos factores. Primero, la

mayoría de las escuelas privadas en Puerto Rico derivan su prestigio

estableciendo que tienen el currículo más avanzado y exigente que las

demás. Algunas tienen como lema que su primer grado es como un tercer

grado en otra escuela, o que su currículo está dos grados por encima de

las demás escuelas en términos de complejidad. Hay una clara competencia

entre estas por ofrecer el currículo más avanzado, más exigente, que

prepare a los niños para las mejores universidades de aquí o de Estados

Unidos.

 

El otro factor para que esto se esté dando es la competencia de los

padres unos con otros, la cuestionable idea de querer que los hijos sean

parte de una élite, porque erróneamente creen que de esas escuelas es de

donde salen los niños más preparados y los mejores y futuros profesiones.

 

Los padres, en su afán de darle lo mejor a sus hijos, por ignorancia o

por seguir el espíritu de competencia de la sociedad en que vivimos, son

cómplices, en unión a las escuelas, de esta tragedia que están viviendo

muchos de nuestros niños al ocupar parte de su infancia haciendo tareas

escolares para las cuales no están listos o para las que tendrán tiempo

suficiente después.

 

¿Cuáles podrían ser las consecuencias de someter a los niños a una

presión y demanda académica a una edad tan temprana?

 

Hay una incidencia cada vez más alta de niños pequeños con desórdenes de

ansiedad, problemas de ajuste escolar, conducta violenta, problemas de

aprendizaje y trastornos de atención; niños que ya tienen su psiquiatra

y/o psicólogo personal, que pasan horas luego de la escuela en tutorías,

terapias y estudios supervisados, para luego llegar al hogar a seguir

estudiando y cumpliendo con todas las demandas de proyectos escolares y

exámenes hasta altas horas de la noche. Son niños que frecuentemente

retan a los padres y pueden crecer con la noción de que a estos lo único

que les importa es su ejecución escolar.

 

Los problemas sociales que podrían ser secundarios a esto los estaremos

viendo. Los mismos son inevitables si esta práctica continúa. Entre

ellos veremos un aumento en problemas de desórdenes de ansiedad, de

alimentación y sueño, aislamiento y depresión; problemas de salud

física, hiperactividad, conducta, violencia, eventual deserción escolar,

delincuencia juvenil, abuso del alcohol y las drogas etc. Estos podrían

ser el legado de este modelo de excesiva presión académica sobre los

niños desde la infancia.

 

Finlandia: un modelo educativo diferente y exitoso

 

Finlandia ha estado en el foco de investigadores por varios años debido

a la baja incidencia de niños con problemas de aprendizaje y de

trastornos de atención, y por un sistema educativo considerado entre los

cinco mejores del mundo.

 

Sin embargo, en dicho país, contrario al modelo educativo norteamericano

y puertorriqueño, los niños empiezan el Kíndergarten a los 6 años y el

contenido académico es mínimo, sino que, por el contrario, se utiliza el

juego libre y dirigido por los maestros para desarrollar las destrezas

que luego utilizarán en grados posteriores. Los niños juegan más, se

mueven más, pasan mucho menos tiempo sentados haciendo tareas académicas

y no tienen tareas para el hogar. Los jóvenes finlandeses sobresalen a

nivel mundial en pruebas de aprovechamiento.

 

¿Podrá detenerse este serio problema que están viviendo nuestros niños?

 

La respuesta es que solo con educación y orientación a los padres, que

son los que mantienen la demanda de esas escuelas. Aunque esto no sólo

ocurre en las escuelas privadas, el Departamento de Educación también ha

elevado los estándares siguiendo directrices federales, el problema es

dramáticamente más preocupante en los niños que están matriculados en

las mismas.

 

Mientras los padres y las madres sigan auspiciando esas escuelas, estas

seguirán en la competencia y nuestros niños pasarán cada vez menos

tiempo haciendo cosas de niños en el tiempo más hermoso, el de la

 

infancia, que nunca volverá.