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8 de noviembre de 2019

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Tradicionalmente, todos hemos aprendido a escribir en las escuelas con

letras en minúsculas. Sin embargo, desde hace unos años, en Finlandia,

considerado el país occidental con mejor sistema educativo, los niños

usan primero las mayúsculas en su aprendizaje. ABC nos cuenta por qué.

 

Este país sigue apostando por la escritura manual pero desde 2016, según

el informe sobre la escritura en la era digital de BIC, ha decidido

dejar a un lado la caligrafía cursiva o simplificada. De esta forma,

alegan, para no sobrecargar de tareas a los alumnos, el tiempo dedicado

a enseñar y a ejercitar la letra clásica en minúsculas puede emplearse

en enseñar a los niños mecanografía, transmitiéndoles nuevas habilidades

con las que estarán mejor preparados ante el futuro laboral y

profesional. «Si los niños ya están usando teclados, hagamos que los

empleen bien», se justifican.

 

Tenían el precedente de Estados Unidos donde, según este estudio, en

2011 los responsables de Educación Primaria dejaron al criterio de cada

centro la decisión de continuar con la cursiva tradicional o compartir

la letra de molde con la mecanografía. «El reto fue importantísimo,

teniendo en cuenta la presencia en las escuelas, desde hace décadas, de

la conocida como cursiva americana o método Palmer», recuerda Goyo

Valmorisco, profesor del estudio de caligrafía y creatividad Deletras.

 

Poco después, once estados reinstauraron la cursiva en sus escuelas,

siendo Nueva York el último en sumarse a esta iniciativa. «Estos no son

más que algunos ejemplos de la encrucijada actual, que nos obliga a

decidir continuamente entre las pantallas y el papel, pero a quienes

defienden que "si se puede escribir con teclados" no merece la pena

enseñar caligrafía está el argumento de "para qué enseñar a sumar, si lo

hacen las calculadoras"».

 

Beneficios cognitivos

 

De hecho, el informe de BIC reflexiona también sobre las repercusiones

de estas decisiones en el rendimiento académico y el desarrollo

cognitivo del niño, y recuerda que tanto neuroinvestigadores y

psicopedagogos están de acuerdo en que escribir a mano tiene evidentes

ventajas frente al teclado. Entre otras, «la de favorecer un menor

conocimiento de la ortografía, una mayor facilidad y fluidez en la

redacción de textos, mayor comprensión lectora, y una mejora de la

memoria». Cuando los niños se limitan a teclear -prosiguen- simplemente

representan en su cerebro un mapa del teclado, según el estudio

«Frontiers in Psychology» de la Universidad de Indiana.

 

De acuerdo con «What are the effects of handwriting on cognitive

development», estudio publicado por la misma institución, cuando los

niños escriben a mano se activan tres áreas del cerebro. Estas tres

áreas son las mismas que se activan cuando los adultos leen y escriben.

Lo curioso es que ninguna se activa cuando los menores escriben a través

de un teclado.

 

La explicación más inmediata es que el cerebro recibe más estímulos

cuando se escribe que cuando se teclea. En el primer caso, se crea una

representación interna de las letras que involucra la integración de las

áreas visuales y motoras del cerebro. Además, se activan áreas

relacionadas con la ortografía, sonido y significado de las palabras.

Esas áreas se solapan con otras fundamentales en la producción y

comprensión del lenguaje, así como en la comprensión de la lectura, lo

que podría explicar las habilidades que se potencian con la escritura.

Entre ellas, determina el estudio, la motricidad fina.

 

Con la grafomotricidad se desarrollan la discriminación auditiva y

visual, la organización espacio-temporal, la correcta presión y prensión

del instrumento de escritura y el dominio de la mano, entre otras

habilidades «importantísimas», recalca Valmorisco.

 

Por todo esto la palabra es «coexistencia», concluye este experto en

caligrafía. «Ambas son formas de transmisión, de comunicación... Y en

cada momento quien debe explicar o dar a conocer algo debe elegir la

mejor forma de hacerlo». Además, añade este profesor, «la escritura es

una práctica que lleva casi seis siglos superando los embates de

sucesivas revoluciones desde la llegada de la imprenta en el siglo XV,

hasta ahora mismo, donde las pantallas son el nuevo papel».