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8 de abril de 2019

Muchos niños tienen una tendencia natural a expresar de forma a veces

histriónica sus emociones, con gestos, voces o griyos. Expertos

consideran que lejos de reprimir o moderar esas tendencias, los padres

deben apoyarlas y encauzarlas, según Buena Vida.

 

Si el menor siente que sus padres lo comprenden, se convertirá en un

adolescente que sabrá gestionar sus emociones, pues dispondrá de las

herramientas para identificar y expresar lo que le pasa y de esa manera

también favorece su buena autoestima.

 

Cuando un infante llora y su padre o madre lo abraza mientras le da

mensajes que apoyan su emoción: “Cariño, estoy contigo, ¿qué te pasa?”,

aquel siente que tiene permiso para sentir.

 

También es fundamental que los adultos exterioricen sus emociones frente

a los niños. Por ejemplo, se les puede decir con un tono contundente:

“Ahora estoy enfadado y no tengo ganas de jugar”. Esto es diferente a

decirles: “Estoy enfadado por culpa de ustedes”, o “me hicieron enojar”.

 

Jugar a imitar ser un animal agresivo que gruñe y persigue o hacer

“guerras” de almohadas les ayuda a los pequeños a canalizar la

agresividad o la rabia. Dibujar o garabatear los colores del enfado, de

las cosas que les hacen sentir mal, de los miedos que tienen y luego

romper los dibujos, los ayudará a liberar las emociones que los bloquean.

 

Esto les enseña a poner nombre a los sentimientos y entender que sentir

es bueno, natural y sano.