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8 de noviembre de 2019

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Mucho se ha dicho sobre la relación que se establece entre el futuro

bebé y su madre mientras dura la gestación. ¿Es cierto que se puede

interactuar con la que será tu hija o hijo en esos meses? ¿Realmente nos

oye y nos siente? En Hola responden a estas preguntas:

 

"El vínculo con el bebé, de la madre al hijo, se genera desde el

principio del embarazo, ya que hay una vinculación afectiva con los

sentimientos que va en aumento a medida que el embarazo avanza y que

culmina con el parto", nos explica Ainhoa Liaño, matrona del Hospital

Nisa en Aravaca (Madrid). "Otra cosa es que en ese vínculo haya una

implicación recíproca, es decir un feedback por parte del feto". A pesar

de la experiencia de muchas mamás y también papás, que describen a

menudo que sus bebés 'responden' a este tipo de comunicación desde

fuera, "no está demostrado en ninguna etapa del embarazo" que sea así.

Lo que si es más probable, nos explica esta matrona, es que "el feto

perciba de alguna manera el estado anímico de la madre".

 

Algo que se aplica, por ejemplo, al supuesto de poner música a los bebés

antes de nacer para que estén más tranquilos: una teoría muy extendida,

que a menudo se relaciona con la capacidad de las notas musicales para

relajar a los niños ya desde antes del nacimiento, y que incluso ha dado

lugar a compilaciones de música clásica, o música que no supere el ritmo

de los latidos del corazón en reposo (unas 60 pulsaciones por minuto),

para calmar a los pequeñines desde el exterior. La respuesta más

sencilla a si la música relaja o no a los bebés, si pueden escucharla y

tiene un efecto en ellos, comienza en realidad con la capacidad de la

música para relajar a la madre, y se aplicaría por extensión a otros

métodos también anti-estrés, a menudo recomendados durante esta etapa,

como nadar, darse un baño o hacer yoga. "Para relajar al feto lo

importante es que la embarazada esté relajada y tranquila. Si por el

contrario está nerviosa, alterada o estresada, también se lo transmitirá

al bebé". Es decir: no se trata tanto de cómo la música puede relajar al

bebé, sino de los cómo los métodos que relajan a la madre influyen en lo

que se le transmite al bebé desde fuera.

 

La interacción con el bebé durante el embarazo resulta especialmente

importante cuando se trata de la otra mitad de la pareja: mientras que

la mamá vive un lazo íntimo con el pequeño que se incrementa con cada

trimestre, a ellos les resulta más complicado establecer este vínculo

hasta después del parto, e incluso también durante la lactancia, una

experiencia que lo padres no puede vivir en primera persona. Amamantar

es algo que sólo pueden hacer las mamás. Y aunque esta situación pueda

generar sentimientos de frustración, desconexión e impotencia en los

padres, lo cierto es que ellos establecen sus propios lazos con el

recién nacido, más relacionados con el contacto físico, los baños, los

juegos o el mirarse a los ojos.

 

"Es en este momento donde el vínculo se hace más fuerte, ya no sólo por

parte de la madre, sino por el padre ya que entran en acción uno o

varios de los cinco sentidos. El olor, el contacto visual, el tacto de

la piel y el escuchar las voces, en el caso del bebé, efectivamente hace

que el vínculo se haga más fuerte, por el mero hecho de tener al bebé

cerca", nos explica Ainhoa Liaño al respecto de lo que se conoce como la

estimulación multisensorial de los bebés, puntualizando que "cuanto más

se implique el padre en el cuidado diario de su hijo, mayor será el

vínculo y lazo de unión del bebé con él", especialmente si queremos

hablar de reciprocidad en la comunicación.

 

Desde este hospital, además, recomiendan siempre el contacto piel con

piel entre el recién nacido y los padres, siguiendo la recomendación de

la OMS: un experiencia que comienza en el mismo momento del parto,

segundos después de dar a luz, cuando se pone al bebé sobre la madre una

vez ha comenzado a respirar solito, y dejando que él mismo busque el

pecho de la mamá para iniciar la lactancia. "El contacto piel con piel

permite la óptima adaptación del recién nacido al medio extrauterino",

explicaba hace unos meses la neonatóloga Susana Ares del Hospital

Universitario La Paz, también en Madrid. "Está demostrado que el

contacto piel con piel del bebé puede mejorar el ritmo cardíaco, la

temperatura, la glucosa sanguínea, el sistema inmunitario, el sueño, la

ganancia de peso y la maduración cerebral”. Ya en casa, esta práctica se

puede mantener en el día a día, tanto por el padre como la madre.