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11 de febrero de 2019

Si en casa aún no tienen una mascota, como madre o padre es muy probable

que tarde o temprano recibas la petición de tu niña o niño de que quiere

una mascota. Es necesario que sepas el momento adecuado para acceder y

la circunstancia la aproveches para darle una lección de vida: Todo

tiene su parte buena y su parte mala, todo representa una

responsabilidad, y un animal no es un juguete que puedan arrinconar en

un momento dado en el fondo del closet. Infobae aporta algunos consejos

para evaluar si es el momento indicado...

 

"Mascota" significa animal de compañía, y acompañar se puede entender

como participar de los sentimientos de alguien. Tal como marcan estas

definiciones, tener una en casa tiene muchos beneficios para los niños y

el entorno familiar, pero hay ciertos factores que deben tenerse en

cuenta para garantizar el bienestar mutuo.

 

La decisión de adoptar una mascota implica una profunda reflexión para

la familia, ya que recibirla contempla una serie de responsabilidades.

Por ello, es importante ser objetivos a la hora de evaluar si las

condiciones son favorables para traer a este nuevo integrante: necesitan

cuidados, amor, tiempo, recursos y adiestramiento, para que la vida

compartida sea saludable y enriquecedora para ambas partes.

 

"Los chicos aprenden sobre la tenencia responsable de mascotas mediante

la observación de sus padres", dijo la doctora Sara Griffin, profesora

de la Facultad de Medicina de la Universidad de Texas, quien estudió de

cerca este beneficioso vínculo. "A medida que el niño crece, sus

responsabilidades sobre el cuidado de las mascotas pueden aumentar.

Aquellos que aprendan a asumir responsabilidades apropiadas para su edad

van a ganar confianza en sí mismos".

 

Y es que son los adultos los que deben trabajar en que el niño se haga

cargo de proporcionar cariño y cuidados a su mascota, de acuerdo al

nivel de desarrollo alcanzado por éste. En este sentido, es conveniente

definir qué animal se podría adaptar mejor a las condiciones

particulares de cada hogar, considerando el espacio físico; la edad de

los niños; la disponibilidad; y sus necesidades. Por ejemplo,

generalmente, un perro requiere de uno a tres paseos diarios y un gato

requiere ser peinado dos veces a la semana.

 

En esa línea, es importante conocer las características y las diferentes

conductas de cada raza y especie. El dicho popular dice que "el perro es

el mejor amigo del hombre", por lo que ellos son considerados los más

sociables o que más interaccionan con los sentimientos o emociones. Por

ese motivo, tal vez sea el animal más recomendable.

 

Lo cierto es que cada mascota genera una interacción diferente con su

entorno; puede ser un pez o un roedor, y lo principal es la

responsabilidad que la familia tenga con ese ser y cómo los niños

aprenden a establecer relaciones de cuidado y cariño. Incluso, hoy en

día se registra un aumento de mascotas exóticas, como hurones, erizos,

hámsters, cobayos, tortugas acuáticas, iguanas, sapos, peces, loros y

otras aves que, si bien requieren cuidados específicos (sobre los que

debe buscarse buena orientación), también pueden ser indicados para

ambientes más pequeños.

 

En este contexto la médica pediatra neonatóloga Romanette Hurtado

Latapiat (MN 93.611), coordinadora de pediatría de SMG Center, enumeró

los distintos beneficios de tener una mascota así como los riesgos y la

prevención a tener en cuenta. Estos son:

 

– Desarrolla el sentido de responsabilidad. Ocuparse de su limpieza o

alimentación permitirá que el niño, a través de la experiencia,

desarrolle el valor de lo que significa hacerse cargo de este ser vivo,

siendo capaz de lograr una vinculación de protección y cariño, dejando

afuera las posibilidades de maltrato.

 

– Ayuda a la socialización. La mascota estimula y convoca el interés de

su dueño, por ejemplo, al compartir juegos.

 

– Genera empatía. El niño empieza a ponerse en el lugar del otro, en

este caso de un ser indefenso, que puede tener hambre, por ejemplo. Para

favorecerlo, es central explicarles que los animales no son 'cosas' ni

'juguetes', sino que sienten al igual que ellos.

 

- Favorece la autoestima del niño al valorar su capacidad de hacerse

cargo de otro ser.

 

– Se convierten en una compañía incondicional. Un animal no hace juicios

de lo que se le dice, solo escucha, y eso reconforta.

 

- Estimula el desarrollo emocional a través del lazo de afecto.

 

– Contribuye al aprendizaje moral. No maltratar a un animal es algo que

se incorpora del código moral familiar.

 

– Enseñan el ciclo de la vida. La muerte accidental o por enfermedad de

una mascota explica el ciclo de vida-muerte en una dimensión diferente.

Tener esta experiencia puede involucrar sufrimiento, pero en la

conversación con los papás el enfrentar la desaparición de ese ser puede

tener una enseñanza.

 

Algunos riesgos y su prevención

 

Agresiones y lesiones. La agresión es una de las principales

preocupaciones a la hora de decidir tener una mascota en casa. Esta es

una conducta emocional propia del estrés de un animal, que puede darse

por malas condiciones de manutención (que son responsabilidad de sus

cuidadores), por condiciones propias de la naturaleza del animal o por

factores clínicos.

 

Las estadísticas indican que el mayor porcentaje de víctimas de

mordeduras de perros son niños de 5 a 9 años, edad donde comienzan a

relacionarse muy activamente con los animales, aunque sin plena

conciencia de si están siendo invasivos o excesivamente entusiastas. Por

ello, para evitar estos accidentes, se recomienda no molestar a los

animales mientras comen, duermen o tienen a sus crías cerca. De todas

formas, existen lesiones producidas por animales que son consecuencia de

juegos o sin intención de causar daño.

 

Enfermedades. Los animales pueden transmitir diversas enfermedades

infecciosas al hombre, denominadas "zoonosis". El contagio puede ser de

origen viral, bacteriano o parasitario (y, en menor frecuencia, por

hongos) a través de mordedura, arañazo o por contacto con excrementos,

saliva o caspa animal.

 

Las medidas preventivas simplemente implican la tenencia responsable de

las mascotas, con controles veterinarios periódicos y vacunación; evitar

que se alimenten con restos obtenidos de la calle; ofrecer alimentación

envasada, un área limpia donde vivir; y propiciar la desparasitación

periódica. En los gatos, particularmente, se debe evitar que salgan a la

calle y estén en contacto con animales silvestres.