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4 de septiembre de 2016

Un frío día de febrero de 1995, en Berlín, conocí a Salma Hayek. Estaba

deslumbrante, aunque francamente un poco fuera de lugar, en una no muy

concurrida rueda de prensa de la Berlinale, la de la película mexicana

"El callejón de los milagros", vestida con un traje folklórico

veracruzano. Al día siguiente, después de entrevistarla, cuando juntos

acudimos a una recepción en el entonces consulado de México en la ya

capital de la Alemania reunificada, cometí la indiscreción de

preguntarle la edad, y recuerdo que me respondió: "Puedo aparentar que

tengo 20 o 40 según convenga". Hoy, más de dos décadas después, el día

en que según sus biografías cumple 50 años, casi podría decir lo mismo.

 

No se si entonces llegué a darme cuenta de que -en realidad- a Salma la

había conocido dos o tres años antes, cuando la vi -y me enamoró- en un

capítulo de la teleserie gringa "Sigue soñando / Dream On", en la que

hacía de una preciosa criada (o empleada de hogar). Nunca imaginé que

acabaría siendo el primer periodista español en entrevistarla, pocos

años después (¡gracias, ley de la atracción!), en un frío día de

febrero, y que me invitaría a acompañarla a vivir la noche berlinesa....

una noche que acabó temprano cuando se olvidó de mí en una fiesta para

reunirse con su amigo Robert ("Roberto", decía ella) Rodríguez, quien

acababa de dirigirla en "Desperado".

 

Luego, nuestros caminos se fueron cruzando en otros festivales, el mismo

Berlín, Cannes..., en Madrid, mientras su carrera y su fama crecían,

hasta convertirse en la estrella mediática que hoy es. Creo que nadie le

ha regalado nada. Es mexicana y mide menos de 1,60, por muy bien

proporcionada que esté no son las mejores cartas para ganar partidas en

el bastante xenófobo Hollywood, y sin embargo lo ha hecho. Ambición,

esfuerzo, constancia y capacidad de trabajo son virtudes que nadie puede

discutirle.

 

No se si cumplir 50 años es razón para reflexionar sobre tu vida. Creo

que yo no le hice especialmente en ese momento, pero si la actriz

veracruzana lo hiciera este viernes, debería estar cuanto menos

medianamente satisfecha. Ha hecho casi todo lo que se ha propuesto. Ha

sido productora, directora, protagonista en cintas de muchas

nacionalidades y diferentes géneros. En mi opinión, tiene talento como

para haber brillado más en mejores papeles, pero con sus orígenes y su

físico, posiblemente otra tampoco los habría obtenido.

 

Muchas serían las mujeres dispuestas a firmar un pacto con el diablo

para llegar a su edad en sus condiciones. Yo mismo lo haría por

transmutarme en François-Henri Pinault, pero esa es otra historia. Me

tranquiliza pensar que seguro la vida le va a deparar más oportunidades

y reconocimientos, y las aprovechará, pero mientras no se estará quieta.

No está en su naturaleza dejar de soñar y dejar de luchar, con disciplina.

 

Espero seguir cruzándome con ella, ser testigo de nuevos éxitos, y no

estar muy lejos el día que piense en que alguien le ayude a escribir sus

 

memorias. Como ven, yo también sigo soñando...