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23 de mayo de 2016

"Debemos dar un mensaje de esperanza, debemos decir que otro mundo es

posible", aseguraba este domingo en Cannes el cineasta inglés Ken Loach,

después de obtener su segunda Palma de Oro. El jurado del festival

decidió otorgarle este galardón por "I, Daniel Blake", seis años después

del que logró por "El viento que agita la cebada / The Wind That Shakes

the Barley". "Existe una crueldad consciente en la manera como

organizamos nuestras vidas en la actualidad, en la que a la gente más

vulnerable se le dice que su situación de pobreza es su propia culpa,

que si no tiene trabajo es por su culpa... No es una cuestión sólo de

Gran Bretaña, hay un enorme desempleo en toda Europa", agregaba el

pronto octogenario realizador, que acaba de entrar en el selecto grupo

de aquellos que han logrado dos Palmas de Oro en Cannes, entre los que

se encuentran Michael Haneke y Francis Ford Coppola.

 

Loach, que empezó su carrera en la televisión británica y se define a sí

mismo como de ideas socialistas, se caracteriza por su constante llamada

de atención sobre las cuestiones más humanas en el siglo XXI en el que

reina lo digital. "Intentamos presentar el lado dramático de la vida

cotidiana en todas sus variantes", afirmó tras recibir su premio.

 

Loach se ha vuelto a rodear de Paul Laverty para elaborar el guión y de

Rebecca O’Brian como encargada de la producción. Concretamente, se trata

del mismo equipo que se encargó de la realización de "El viento que

agita la cebada" con la que el cineasta inglés logró su Palma de Oro en

Cannes. Al ser preguntado sobre sus sensaciones tras ser el ganador del

festival Loach responde que es extraordinario porque son el mismo equipo.

 

El realizador que en un mes cumplirá 80 años, y anunció precipidamente

su retiro con su anterior película, ha obtenido este reconocimiento

-para el que no era favorito, aunque su film gustó- por una historia

protagonizada por Dave Johns y Hayley Squires en la que se cruzan las

historias, por un lado, de un carpintero que ha sufrido recientemente un

infarto, que intenta que el sistema nacional de salud le dé una pensión

ante la imposibilidad de volver a trabajar y, por otro, la de una joven

madre soltera con dos hijos a punto de caer en la miseria. "Encontrar el

tono adecuado es muy importante. Para esta película la historia era tan

fuerte que tuvimos que ser muy simples y muy claros, y que no necesitara

ningún adorno. Robbie Ryan habló con nosotros antes y hablamos de

encontrar un estilo absolutamente claro sin adornos, sin distracciones

para el público capturando la esencia de la gente frente a la cámara

describiendo su situación con la economía", definió Loach ante los

periodistas en Cannes.

 

Loach comentó que lleva 50 años haciendo la misma película: una en la

que el sistema oprime, exprime, explota e ignora a las personas. En la

conferencia de prensa tras la presentación de la película en el festival

explicó que trató de aproximarse a una historia real: "lo que intentamos

hacer fue empezar con el principio y continuar con las historias rodando

en orden. Así que la historia aparece poco a poco y los actores

consiguen la descripción paso a paso. Tiene una sensación de ser

improvisado pero el guión está escrito de manera precisa. Cuando vas

atrás y miras la película terminada y el guión son casi idénticos pero

parece que ha surgido en el momento y que ha cogido a la gente por

sorpresa. Pero no es complicado".

 

El premio de Ken Loach cerró el 69º Festival de Cannes en el que el

inglés, además de agradecer a su equipo y al festival, añadió que otro

mundo es posible y necesario al recibir su recompensa, saludando luego

 

puño en alto.