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23 de agosto de 2019

Antes, los niños empezaban a interactuar con los cuentos a través de las

voces de sus padres. Luego, cuando aprendían a leer, se familiarizan con

sus primeros libros. Hoy, es posible que antes de que aprenda a leer, ya

hayan usado una pantalla electrónica, dice El País.

 

Según la Academia Americana de Pediatría, un niño norteamericano tiene

su primer contacto con una pantalla a los cuatro meses de edad. Hace 50

años, en 1970, lo tenía a los cuatro años. En aquel momento, si un menor

de edad escuchaba una palabra cuyo significado no entendía, la respuesta

más habitual de un adulto preocupado por su educación era que consultara

un diccionario. Eso implicaba buscar el tomo correspondiente, repasar el

alfabeto, hallar el vocablo buscado, leerlo en voz alta y conseguir que

le tradujeran el lenguaje del diccionario a uno más sencillo de entender

para su edad. La repetición de esas búsquedas generaba un hábito que se

traducía en entender los libros no solo como fuentes confiables de

diversión sino, también, de ilimitado conocimiento.

 

Si un padre, profesor o formador de hoy en día le dijera a un niño

“busca el significado de esa palabra en Internet”, ¿estaría fomentando

en dicho niño la lectura y otras actividades cognitivas? ¿Estaría

criando a un lector, como pretendían quienes antes mandaban buscar las

palabras en el diccionario?

 

Las tecnologías de la información son parte de nuestras vidas y tienen

un gran potencial para ayudarnos a criar niños lectores. Según el Centro

Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe

(CERLALC), auspiciado por la Unesco, existe evidencia de que las nuevas

tecnologías impactan de manera positiva en el aprendizaje y el

desarrollo de los niños, especialmente los aparatos táctiles en la

primera infancia que favorecen la alfabetización inicial y la

lecto-escritura temprana, si van acompañadas de la guía de un adulto.

 

Sin embargo, el acto mecánico de escribir formando letras, no implica

comprender lo que se escribe. Como tampoco lo es identificar letras

separadas. El cerebro no está hecho para leer y, como si fuera un

músculo, debe ser entrenado en la repetición para convertir esas formas

y sonidos en palabras con significado. La introducción cada vez más

temprana de las tecnologías de la información en la vida de los niños

trae consigo un cambio sustancial y, ahora, escribir y leer ya no son

actividades tan íntimamente relacionadas como antes.

 

Criar lectores es, asimismo, diferente de criar niños que saben leer.

Para criar lectores, los adultos del hogar, los centros infantiles y la

escuela, deben normalizar la lectura e introducirla en las actividades

diarias como algo natural, divertido, emocionante e instructivo. Es algo

que puede conseguirse tanto con un libro físico, identificando palabras

y viendo figuras, como con un libro electrónico.

 

Con todo, existen algunas diferencias importantes entre leer un libro

físico y uno electrónico. En primer lugar, antes bastaba con abrir un

libro mientras ahora hay que encontrar la información en una pantalla.

Antes bastaba con elegir un libro de una biblioteca más o menos amplia,

mientras ahora hay que buscar la información en un universo casi

infinito de posibilidades. Antes se leía un libro, y ahora se lee,

edita, marca, interactúa y escribe en una misma plataforma.

 

Al igual que los libros, las tecnologías de la información, por sí

solas, no representan una ventaja para que los niños lean más. Es el

adulto cuidador quien da el ejemplo, interactúa e inculca la lectura en

los niños, y son los adultos los que deben guiar en la selección y

lectura de libros usando la tecnología e internet. Cuando un bebé está

expuesto a la lectura y a adultos que la valoran, la reconoce como algo

importante más allá del soporte que se utilice. Y esta apreciación

positiva le prepara para ser lector aun antes de llegar a la escuela

primaria. Sin embargo, actualmente, nuestra actual inmersión en

teléfonos móviles, tabletas digitales e inteligencia artificial hacen

que el acto de leer esté mediado por elementos tecnológicos. El uso que

se haga de esas herramientas marcará la asociación que realizará el

niño, directa o indirectamente, a ciertos actos y actitudes.

 

En este contexto, hay tres consejos clave para quienes quieren criar

lectores tanto en el hogar como en los centros de cuidados:

 

    Lo importante para los niños lectores es el ejemplo e interacción

de los adultos cuidadores con los libros, no el formato del libro.

 

    La exposición de los niños a formatos variados como libros,

tabletas digitales, computadoras y cuadernos solo es efectiva cuando

puede ser guiada adecuadamente.

 

    Para que los niños interactúen con la información, cuestionándola e

imaginando sus propias historias, debe haber un adulto que los guíe.

 

Las tecnologías de la información son parte de nuestras vidas y tienen

un gran potencial para ayudarnos a criar niños lectores. Pero por sí

solas no bastan para crear motivos de práctica lectora y materiales para

ejercerla, y necesitan ser guiadas de cerca y estar bien asesoradas. No

son sustitutivas de una lectura calmada y extensa, que es la que forma

los hábitos lectores, permite crear los automatismos para extraer

eficientemente la información y construir el desarrollo intelectual

pero, bien empleadas, representan, sin duda, una posibilidad de expandir

el universo lector de los niños.