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8 de noviembre de 2019

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Los niños pequeños hoy crecen casi desde la cuna con una pantalla en la

mano o a unos metros si es de televisión. Un nuevo estudio certifica las

sospechas de que el abuso de esos dispositivos digitales afecta a sus

cerebros, cuenta el New York Times.

 

La investigación de un hospital infantil en Cincinnati usó escáneres del

cerebro mostró que la materia blanca de los cerebros de los niños que

pasaban horas frente a las pantallas no se desarrollaba con la misma

rapidez que en los cerebros de los niños que no lo hacían,  de acuerdo a

un estudio publicado por Jama Pediatrics.

 

El lenguaje, otras habilidades de la alfabetización, y el proceso de

control mental y la autorregulación se desarrollan en la materia blanca

del cerebro, señalan los investigadores.

 

"Lo que pensamos que ocurre es que el desarrollo de esas habilidades en

realidad depende de la calidad de la experiencia, por ejemplo la

interacción con las personas, la interacción con el mundo y el juego",

explicó el investigador principal, el Dr. John Hutton, director del

Centro de Descubrimientos en Lectura y Alfabetización del Hospital

Pediátrico de Cincinnati.

 

Los primeros cinco años de vida son el periodo esencial en que esas

conexiones cerebrales se desarrollan con rapidez, explicó Hutton.

 

"Algunos tipos de medios con pantalla podrían proveer una estimulación

inferior a la óptima para reforzar la conexión de las fibras en el

cerebro y las habilidades a las que dan respaldo, por ejemplo las

habilidades tempranas de lenguaje y la alfabetización", planteó.

 

Aunque hace décadas que la televisión existe, Hutton apuntó que la

reciente explosión de dispositivos portátiles con pantallas ha aumentado

en gran medida el tiempo que los niños pasan viéndolos.

 

La Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP)

recomienda que los niños menores de 18 meses no se expongan a las

pantallas en lo absoluto. Entre los 18 y los 24 meses, si los padres lo

eligen, los medios digitales solo deben incluir programación de alta

calidad que el niño y uno de sus padres vean juntos.

 

En cuanto a los niños de 2 a 5 años, el tiempo frente a las pantallas se

debe limitar a 1 hora al día, y los padres deben ver los programas con

el niño. Los padres también deben tener periodos en que las pantallas

estén apagadas, y los dormitorios deberían estar libres de medios de

comunicación.

 

En el estudio, Hutton y sus colaboradores realizaron IRM de los cerebros

de 47 niños, de 3 a 5 años. Los niños también tomaron pruebas para

evaluar sus habilidades cognitivas (de "pensamiento").

 

Se pidió a los padres que completaran un cuestionario que identificaba

su ScreenQ (algo así como "coeficiente de pantalla"), que informa sobre

cuánto tiempo sus hijos pasan en frente a pantallas, y qué tan de cerca

siguen las recomendaciones de la AAP.

 

Los investigadores encontraron que mientras más alta era la puntuación

de ScreenQ, más baja era la capacidad de un niño de nombrar objetos con

rapidez (una medida de la velocidad del procesamiento mental), y más

bajas eran sus habilidades de alfabetización en desarrollo.

 

Además, unas puntuaciones más altas de ScreenQ se vincularon con un

retraso en el desarrollo de la materia blanca, en específico el proceso

que permite a los impulsos nerviosos moverse rápidamente a través del

cerebro.

 

Hutton cree que el cerebro en desarrollo necesita la estimulación de las

demás personas y del mundo real para llegar a su potencial.

 

"Los niños pequeños de verdad dependen de las relaciones con las

personas, de interactuar con el mundo, de utilizar todos sus sentidos",

aseguró. "Mientras más puedan los padres evitar que los niños estén

frente a pantallas en la niñez temprana y les permitan interactuar con

las personas en el mundo, mejor".

 

Es posible que el retraso en el desarrollo del cerebro provocado por las

pantallas se pueda compensar más tarde, pero mientras más edad se tiene,

más difícil es cambiar para el cerebro, añadió Hutton.

 

Reshma Naidoo, directora de neurociencias cognitivas en el Hospital

Pediátrico Nicklaus, en Miami, dijo que ver pantallas es tanto pasivo

como bidimensional, y que ninguna de estas dos cosas es buena para los

cerebros en desarrollo.

 

"Desde mi perspectiva, los mayores problemas que observamos tienen que

ver con que los niños se implican mucho menos socialmente", advirtió.

"Comenzamos a ver a muchos más niños que tienen unos patrones sociales

muy disfuncionales, y que responden más a los medios de comunicación".

 

Naidoo planteó que los padres deben dar el ejemplo a sus hijos. "Debemos

cambiar el enfoque e implicarnos con nuestros hijos", añadió.

 

Los padres que permiten a sus hijos ver pantallas deben usar el tiempo

para interactuar con su hijo en lugar de hacer que el uso de pantallas

sea pasivo, aconsejó.

 

"Pero recomiendo firmemente limitar la cantidad de tiempo que pasa

frente a esos ambientes", dijo Naidoo.

 

El informe aparece en la edición en línea del 4 de noviembre de la

revista JAMA Pediatrics.