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2 de octubre de 2019

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Concepción López, responsable de la Unidad de Psicología Infanto-Juvenil

en un hospital de Murcia, España, alerta a los padres a través del

diario La Verdad sobre el mal uso de la tecnología por parte de los

niños pequeños y advierte que permitirles decidir ellos su tiempo de uso

equivale a enseñarles a fumar o beber.

 

Este tipo de sesiones de exposición también se emplean con adultos y el

equipo también se vale de aplicaciones a través de ordenador para hacer

el seguimiento, por ejemplo, de programas de obesidad. Se trata de un

programa combinado en el que las sesiones presenciales y la asistencia

online permiten a los pacientes no tener que desplazarse, mientras que

los profesionales les pueden hacer un seguimiento, de modo que si se

detecta algún signo de alarma se actúa inmediatamente.

 

Algo parecido se lleva a cabo en tratamientos para el control de la ira,

con aplicaciones en las que los pacientes van recogiendo las situaciones

que viven y encuentran lecturas con recomendaciones sobre cómo pensar,

cómo proceder... Las nuevas tecnologías son, por tanto, muy útiles a la

hora de permitir intervenciones inmediatas y recogidas de datos en

tiempo real.

 

Otro de los instrumentos que usan, en colaboración con el Servicio de

Instrumentación Psicológica de la Universidad de Murcia, es el que les

permite reconocer emociones faciales. «A veces creemos que alguien a

quien tenemos delante está bien pero hay pequeños gestos que señalan que

no sentimos que estamos mostrando y la reacción primaria se puede

detectar mediante tecnología», según López Soler.

 

Por otro lado, disponen de tecnología de realidad virtual que les

permiten crear escenarios de relajación, usados en terapias contra la

ansiedad u otras alteraciones, así como en el tratamiento de las fobias,

cuando son necesarias exposiciones paulatinas al objeto al que se teme y

que de este modo se pueden llevar a cabo sin necesidad de contar con el

mismo de manera real.

 

Control parental

 

Llama la atención que precisamente las nuevas tecnologías, que pueden

causar problemas de adicción u otros, al mismo tiempo, pueden ser útiles

para tratar patologías psicológicas. Pero Concha López Soler lo tiene

claro: «Todos los avances por un lado aportan una ayuda al desarrollo

del ser humano y por otro, mal usados, pueden ser peligrosos».

 

Y añade: «El problema de las nuevas tecnologías con los menores son los

hábitos que se crean en las casas. Que un niño de un año esté todo el

día con el móvil no es adecuado. A los niños les gusta explorar y eso es

un refuerzo muy fuerte para ellos».

 

Asegura la experta que «en los smartphones y tablets, sobre todo cuando

tienen conexión a internet, lo que se tiene es un campo de evasión. Si

te encuentras mal o te aburres acudes a ellos y cuanto peor estás más lo

haces y peor gestionas tus emociones. Es una forma de distracción y de

evasión de la realidad que no te gusta».

 

Todo ello, mal gestionado, lleva a que los niños crezcan sin aprender a

tolerar y regular la frustración. Así que el mayor de los problemas no

es solo la posibilidad de que se desarrolle una adicción sino el hecho

de que el cerebro, que en esas edades se está formando, lo hace sin

crear determinados mecanismos de autorregulación útiles en la vida adulta.

 

«Hay que tener en cuenta que cuando pinchas en una página online te

encuentras con muchos colores, velocidad de imágenes, respuestas muy

rápidas, etc. que en la realidad no existen. No es la misma sensación

que jugar con un muñeco, cubos o cualquier objeto. La excitación

cortical que genera es mucho mayor y eso es adictivo. Los juegos en la

vida real te llevan a estímulos de gratificación de una manera mucho más

lenta que jugando en internet. Lo que lleva a que los niños que pasan

muchas horas frente a las pantallas, suelan aburrirse en el mundo real

con mayor facilidad, gestionan peor el fracaso, suelen ser más

agresivos, irascibles y exigen que sus deseos se cumplan de manera

inmediata, porque es a lo que están acostumbrados. Además, se sabe que

los niños que más tiempo permanecen delante de una pantalla son los que

peor rendimiento tienen en la escuela», explica López Soler.

 

«Esos mecanismos, que pueden generar adicción, son los mismos que para

cualquier droga. Dejar el móvil a los niños puede ser tan dañino como

permitirles fumar o beber alcohol, aunque la sociedad todavía no lo

tiene asimilado», apunta.

 

Afirma la investigadora de la UMU y el HUVA que «a los niños hay que

contarles cuentos, llevarlos al parque... no se les puede dejar mucho

tiempo delante de una pantalla porque su cerebro se acostumbra a una

serie de estímulos que no van a encontrar en la realidad».

 

No obstante, Concha López Soler defiende que las nuevas tecnologías

están para ser usadas en nuestro beneficio y sería un atraso no

aprovecharlas. En el caso de los menores recomienda que antes de los 12

o 13 años no tengan un móvil propio con acceso a internet y, por

supuesto, que no lo usen sin control o límite de tiempo.

 

Indica que, en general, niños y niñas en edad escolar no deberían pasar

más de una hora al día delante de una pantalla. Y advierte de la

necesidad de que los padres se involucren en ello, que usen los métodos

que existen de control parental y que sepan para qué usan sus hijos los

dispositivos. Sin justificarse en el hecho de que tienen teléfonos

porque así están localizables. «La realidad -como señala la experta- es

que las nuevas tecnologías han venido para quedarse, este es el momento

que nos ha tocado y hay que ser consecuentes».