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4 de septiembre de 2016

La tranquilidad del hogar en tiempos convulsos, algo para leer entre el

miedo y la paranoia, un amigo como compañía…y un piolet clavado en la

cabeza. Así de sombrío fue el final de León Trotsky, uno de los máximos

ideólogos de la revolución rusa, asesinado a manos de Ramón Mercader en

su casa de México en 1940.

Es un final que no desvela ningún misterio, una historia que se ha

contado otras veces de la mano de documentales y otras ficciones como

"El asesinato de Trotsky", de Alain Delon. Sólo por ese motivo, es

necesario resaltar el valor de que "El elegido" mantenga el pulso y no

arranque bostezos en la sala.

 

La película de Antonio Chavarrías, una coproducción con México que llega

a las carteleras españolas este viernes 2 de septiembre, no se perfila

como un biopic al uso, sino como un thriller de espías clásico con

bastante rigor histórico. Un drama sincero sobre un hombre dispuesto a

sacrificarse para conseguir el triunfo de unos ideales, víctima de un

terrible contexto en el que reina el dogmatismo y la lucha por el poder.

 

En este aspecto, el personaje de Mercader, interpretado con

sobresaliente acierto por el mexicano Alfonso Herrera, presenta sus

claroscuros. La ambición de un joven que pretende destacar y cumplir con

las expectativas, las dudas de un ser humano que se infiltra en las

líneas supuestamente enemigas y el miedo de un hombre ante un objetivo

que le supera. Todos esos elementos están contenidos en un retrato

honesto que refleja la vida del hombre detrás del asesino.

 

Chavarrías presenta el periplo de Mercader hasta la fatídica tarde en

pequeñas dosis ligeramente episódicas, con una estructura narrativa

dinámica y centrada solamente en punto de vista del políglota, que

cambia de idioma como de piel durante la proyección: el catalán se

convertirá en el belga Jacques Monard para la misión y morirá con

pasaporte ruso aún negando su nombre.

 

Pero igual o más interesante resulta el personaje de la madre,

interpretada por la siempre magistral Elvira Mínguez, cuya sombra se

cierne poderosamente en cada decisión tomada. Por el contrario, Hannah

Murray no consigue cautivar –salvo en un par de escenas- en el papel de

la ingenua Silvia Ageloff, que será la llave de entrada al escondite de

Trotsky.

 

Sin embargo, entre tanto vaivén de sucesos, algunos quedan poco

definidos. Al minimizar los detalles políticos y esquematizar el

contexto de guerra deliberadamente se resalta la idea del fanatismo,

pero también conlleva el riesgo de que determinadas escenas queden

confusas. Un ejemplo es uno de tantos ataques a Trotsky que se nos

muestra tras el prólogo a modo de documental, el incómodo interrogatorio

del infiltrado estalinista o el frustrado tiroteo organizado por el

pintor Siqueiros.

 

Pese a todo, "El elegido" se presenta como un largometraje con justas

ambiciones, una buena forma de homenajear a Trotsky 76 años después de

su muerte. Cabe cuestionarse qué fue lo que llevó a Mercader a usar tan

aparatosa arma, en lugar de una discreta pistola. Aunque quizás ni él

mismo se cuestionara esa decisión. Cuestionar órdenes no era el deber de

un soldado como él. Pero lo que debe admirar el espectador en los

últimos minutos son esos ojos previos, unos ojos que no reflejan la

 

sangre fría sino la culpa y el sacrificio. Y eso, es brutal.