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23 de agosto de 2019

 

Unos padres que no tienen sobrepeso, comen sano y hacen algún tipo de

ejercicio físico son el mejor ejemplo para sus niños, que deben repetir

esas costumbres ellos mismos. Estados Unidos es el país con el

porcentaje más alto de obesidad infantil, le siguen México y Chile. El

alarmante avance de la obesidad en la infancia, considerada la

enfermedad del siglo XXI, ha llevado a muchos países a catalogarla como

un problema de salud pública global no sólo por su alta prevalencia sino

por sus consecuencias. Es una “bomba de tiempo” que compromete la salud

futura de los niños, dicen en Los Tiempos.

 

Para el médico Nelson Vía Reque, con casi 50 años de experiencia en

pediatría y neonatología, se puede hacer frente a la obesidad infantil

con tres acciones concretas: una alimentación saludable, no comer en

exceso y lo que no se debe comer; realizar una actividad física, y dar

el ejemplo, si el niño ve que la familia come sano y práctica deportes,

él va seguir y adoptar esos hábitos.

 

La obesidad infantil no sólo afecta el relacionamiento social del niño

sino su salud futura. El niño será aislado y centro de burla de sus

compañeros; será propenso a morir de infarto en cualquier momento; en

las mujeres produce la pubertad precoz, ocasionando que no crezca mucho;

produce hígado graso, causa de los problemas hepáticos; complicaciones

cardiovasculares, como el aumento de presión; altera el sueño; causará

problemas esqueléticos, en la columna y la rodilla, entre otros.

 

¿Cuáles son las causas? ¿Cómo detectarla? ¿Quiénes son los responsables?

¿Cómo frenarla?

 

Según el médico Vía Reque, para explicar el incremento de la obesidad

infantil es importante preguntarse a quién se debe este problema, quién

tiene la mayor responsabilidad. La respuesta —dice— es la mamá, porque

ella es la principal responsable del cuidado de su nutrición,

alimentación, salud y educación a partir de los 20 minutos de nacido,

durante su primera infancia y hasta los 3 años.

 

Agrega que todos nacemos con alrededor de 3 y 4,5 kilos; al año, el peso

será de 9 a 10 kilos, pero si ya a esta edad ya pesa 16 kilos, eso ya es

sobrepeso, y si a los 3 años, que debería pesar 15, está con más 35,

esto tiene que alertar a la madre y llevarla a tomar medidas.

 

Por otra parte, señaló que es necesario saber que todos nacemos con un

número determinado de células grasas, independientemente de si pesamos 3

o 4 kilos. Por poner un número, mil células, mismas que al año de vida

deben seguir siendo mil, lo único que tienen que hacer es desarrollarse

y crecer, pero no multiplicarse. Pero en el caso de los niños obesos,

esas mil células grasas se han multiplicado, serán 100 mil cuando cumpla

un año, 200 mil a sus 3 años, y así se irán multiplicando más y más,

aumentado su gordura, y será muy difícil de detener esa multiplicación.

 

Para calcular el peso/edad del niño, dijo que existen dos fórmulas muy

simples: para los niños de 1 hasta 3 años, sólo se tiene que multiplicar

los años del niño por 2 y sumar 8, es decir si tiene un año, multiplicar

1 por 2, es resultado es 2; a esto sumar 8, lo que da 10. Ése es el peso

promedio que debe tener el niño de un año. A partir de los 3 años, se

multiplica la edad por 3 y se suma 7, es decir, si tiene 5 años

multiplicar por 3, da como resultado 15, al que se debe sumar 7, dando

22, que sería el peso del niño de 5 años.

 

Las causas

 

Para el pediatra, son dos las principales causas de la obesidad

infantil: el sedentarismo y la mala alimentación, factores con los que

insiste tienen que ver principalmente la madre, quien es responsable de

ver de cómo se alimentan y se mantienen físicamente activos.

 

Anotó que si un niño es mal alimentado, consume comida “chatarra” —que

es puro azúcares, harinas y grasas— y si encima no realiza ninguna

actividad física o deporte, va a ser gordo.

 

“El ser humano tiene que comer lo que no engorda, no lo que engorda. Eso

es fácil de diferenciar. Todo lo que hace el ser humano: gaseosas,

helados, tortas, pizzas, jamón y otros, engorda. Entonces qué vamos a

comer, todo lo que Dios nos dio para alimentarnos a través de la

naturaleza: el huevo, las frutas, las verduras”, precisó.

 

Antes, mientras el niño se alimente de leche materna —dice Vía Reque—,

no debe preocuparnos, pues es normal que tenga un poco más de peso y

tamaño por efecto de la leche.

 

Hay que empezar a controlar la gordura —anotó— a partir de los ocho

meses y el primer año. Desde que empieza a comer, ver su peso y, si se

advierte sobrepeso, tomar medidas de inmediato.

 

Además, señaló que en algunos casos tiene que ver con lo genético, se

hereda la tendencia a la gordura en la familia, se hereda al apetito, la

ansiedad de comer y tomar leche, que se pueden controlar con el cambio

de hábitos. Por ejemplo, desde que el niño empieza a comer, alimentarlo

con cosas naturales, papillas de fruta o verduras naturales, en lugar de

las envasadas que tienen químicos y conservantes.