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10 de enero de 2019

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Motivar a las niñas desde edades tempranas para conocer el significado

de “hacer ciencia” es clave para el desarrollo de nuevas

investigaciones, dice Ruth Rodríguez Gallegos en la web del Tecnológico

de Monterrey.

 

En 2013 Paloma Noyola saltó a la fama al ganar el primer lugar en la

prueba ENLACE a nivel nacional. Su inteligencia fue comparada a la del

fundador de Apple, por lo que la revista Wired publicó en su portada:

“La nueva Steve Jobs”. En 2016 Olga Medrano apareció en las noticias del

país al ser llamada Lady Matemáticas, al ganar la medalla de oro en la

quinta edición de la Olimpiada Europea Femenil de Matemáticas. ¿Qué

tienen en común estas dos niñas exitosas además de su dominio de las

Matemáticas?

 

Por un lado, Paloma proviene de una clase económica social baja, acude a

la escuela en una de las zonas más marginadas de Matamoros, Tamaulipas;

por otro lado Olga, originaria de Zapopan, Jalisco, proviene de una

clase socioeconómica media. Sin duda, las dos han enfrentado diferentes

circunstancias y retos derivados de sus propios entornos sociales.

 

Después de analizar respuestas en entrevistas y documentales que ambas

dieron en distintos medios de comunicación, encontré tres

características que a mi parecer tienen en común:

 

    El apoyo moral y económico de la familia, que pese a sus

limitaciones, les han brindado para seguir sus estudios adelante.

    El tesón y enfoque que Paloma y Olga demuestran tener cuando se

preparan para una competencia de matemáticas, sin obviar el talento nato.

    El hecho de que un profesor tuvo la capacidad de reconocer el

talento de las alumnas, apoyarlas y sembrar en ellas la curiosidad y el

gusto por esta materia para profundizar más en su conocimiento.

 

La pregunta importante es: ¿cómo podemos apoyar y motivar a nuestras

niñas y jóvenes que practican esta disciplina, o cualquiera otra

vinculada a la ciencia, para descubrir más alumnas como Paloma y Olga en

los años por venir? Este es un tema crítico para lograr mayor

participación de las niñas y las mujeres en áreas de Ciencia,

Tecnología, Matemáticas e Ingeniería (STEM, por sus siglas en inglés).

 

Un estudio realizado en 14 países reveló que la probabilidad de que las

estudiantes concluyan una licenciatura, maestría o doctorado en alguna

materia relacionada con la ciencia es del 18%, 8% y 2%, respectivamente.

Mientras que la probabilidad para los estudiantes masculinos es del 37%,

18% y 6%. Esta es la razón por la cual la Agenda 2030 de México para el

Desarrollo Sostenible, incluye como tema fundamental el aspecto de

equidad de género en la ciencia.

 

Lo anterior nos exige que las profesoras e investigadoras en estas

disciplinas realicemos un esfuerzo importante en la búsqueda de apoyos

de financiamiento para proyectos con esta causa y motivemos a las niñas

desde edades tempranas a acercarse y conocer el significado de “hacer

ciencia” y las maravillas que tiene esta profesión.

 

Programas internacionales como “1000 niñas, 1000 futuros”, organizado

por la Academia de Ciencias de Nueva York, pretende fomentar que las

jóvenes se involucren de manera temprana en esta área. He tenido la

oportunidad de colaborar como mentora en este programa de una joven

proveniente de una región cercana a Puebla, quien a través de este

programa ha tenido la oportunidad de viajar a Nueva York y considerar

estudiar una carrera en computación.

 

Este tipo de experiencias permite a las jóvenes tener otras

oportunidades para su desarrollo profesional y aplicar su talento en

áreas que han sido consideradas como “masculinas”. La inclusión de un

mayor número de niñas en la ciencia desde edades tempranas será

fundamental para el desarrollo de nuevas investigaciones y nuestro

propio entendimiento de las ciencias y su potencial.