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10 de enero de 2019

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La inteligencia emocional es un factor de calidad de vida, pero lo puedo

empezar a ser desde la infancia, ya como tal se puede definir como la

capacidad de cada individuo para identificar, entender y trabajar sus

emociones y las de los demás con eficiencia y generando resultados

positivos. Dicho de modo más simple: es la habilidad para gestionar bien

las emociones, ya sean las nuestras como las de lo demás. Y empezar

temprano nos ayudará a manejar las emociones mejor, dice la Universidad

Internacional de Valencia.

 

Con cualquier otra actitud o habilidad, la inteligencia emocional se

puede enseñar o potenciar. Para ello se utiliza llamada educación

emocional, un proceso educativo, continuo y permanente que pretende

potenciar el desarrollo de las competencias emocionales como elemento

esencial del desarrollo integral de la persona. Se trata de concebir las

competencias emocionales como absolutamente básicas para desenvolverse

con éxito en la vida, afrontar mejor los retos y, en consecuencia,

aportar mayor bienestar personal y social.

 

Indicadores para potenciar la inteligencia emocional en clase

 

La mejor forma de incluir la educación emocional en clase es de una

manera transversal, incorporando los principios de la inteligencia

emocional en el transcurso del resto de asignaturas y actividades

escolares. Para conseguir este objetivo, el profesor puede seguir estas

indicaciones:

 

Conseguir que el niño conozca mejor sus propias emociones y las ajenas

 

Es una cuestión difícil que requiere paciencia y un tratamiento

individualizado. Para que un niño aprenda a gestionar o manejar mejor

sus emociones y las de sus compañeros es necesario que, en primer lugar,

aprenda a identificarlas, por ejemplo, enseñándole a establecer

conexiones entre sus propios sentimientos haciendo que se pregunte:

«¿Cuando he tenido anteriormente esta sensación y cómo he logrado

superarla?».

 

Enseñar a gestionar sentimientos contradictorios

 

Las decisiones implican ganar y perder cosas y muchos sentimientos se

contradicen unos a otros. Si esta gran verdad ya es difícil de asumir

por muchos adultos, evidentemente aún lo es más en niños. Es importante

explicarles con sus propias palabras y referentes, por ejemplo con

fabulas, cuentos o moralejas, que en la vida se van a tener que

enfrentar a decisiones complejas y difíciles.

 

Ayudarles a controlar el estrés

 

Aunque no lo parezca, muchos niños sufren de estrés por problemas en el

colegio o familiares. Técnicas que funcionan en los adultos, como

ejercicios de relajación y de respiración o hacer deporte, también son

positivas para los niños, por lo que hay que animarles a ponerlas en

prácticas cuando se encuentran nerviosos o con ansiedad.

 

Animarles a adoptar una actitud positiva

 

La actitud ante la vida es fundamental y tanto en el casa como en el

aula padres y maestros pueden llegar a tener un papel muy activo en el

desarrollo de las competencias emocionales, animándoles a mantener el

optimismo ante los problemas y dificultades de la vida y no obsesionarse

con actitudes y pensamientos negativos.

 

Poner en marcha actividades emocionales

 

El profesor puede organizar y dirigir, de vez en cuando, actividades

para escolares, tanto de corta edad como adolescentes, donde se les

enseñe y anime a comprender y comunicar sus propios sentimientos y

emociones. Un simple ritual, en este caso dirigido a niños pequeños,

donde se anime al niño a comentar cada día cómo se siente de forma

natural, alegre y con sus propias palabras, puede ser de gran ayuda para

forjar una personalidad capaz de manejar los sentimientos propios y

enfatizar con los otros compañeros.

 

La rueda de los sentimientos

 

Con el objetivo de aumentar el vocabulario emocipnal y tomar conciencia

de la distintas emociones y estados de ánimo, también se pueden poner en

marcha actividades de teatralización las emociones más habituales:

alegría, tristeza o decepción, entre otras.