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29 de agosto de 2019

 

Si tu niña o niño acaba de empezar en la escuela y ves que sufre

frecuentes caídas puede que no sea torpe, sino que tenga algún tipo de

problemas en los pies, y su calzado no sea el idóneo. El Colegio Oficial

de Podólogos de la Comunidad Valenciana (ICOPCV) ha señalado algunos

aspectos clave que son esenciales para cuidar los pies de los más

pequeños en el nuevo curso, algo esencial porque se encuentran en edad

de crecimiento.

 

Las patologías más comunes en los pies a estas edades son los contagios

por hongos o verrugas, alteraciones en las uñas, pies planos, valgos

(los pies miran hacia dentro al caminar), varos (al andar la punta de

los pies miran hacia dentro) o cavos (exceso de puente).

 

En primer lugar, tras las vacaciones y antes de comprar el nuevo

calzado, desde el ICOPCV se recomienda realizar una revisión por parte

de un podólogo para confirmar que el pie se encuentra en perfecto estado

de salud, que no se ha producido contagio por hongos en verano o que no

se han producido alteraciones en la marcha derivadas del abuso de un

calzado poco adecuado o del propio desarrollo del niño.

 

“Una cuestión que pueden alertarnos de la posibilidad de problemas en

los pies de los más pequeños es que padezcan caídas con frecuencia. Si

bien éstas son muy comunes cuando están iniciando la marcha, cuando son

un poco más mayores pueden deberse a un mal apoyo del pie y del

desarrollo del aparato locomotor. Si esto se atiende en una fase

incipiente, el podólogo podrá aplicar el tratamiento y las medidas de

corrección necesarias para que se eviten problemas futuros”, ha

explicado Maite García, presidenta del ICOPCV.

 

Junto a esto, otros signos que pueden ponernos en alerta es detectar

alteraciones en las uñas (más rugosas, engrosadas o con ligeros cambios

de color), que el niño se quiera descalzar continuamente o detectar que

camina con los pies hacia fuera o hacia dentro.

 

Además, de la revisión por parte de un profesional, desde el ICOPCV se

recomienda:

 

1. Evitar utilizar un calzado que haya sido utilizado por otro niño –

aunque parezca que los zapatos están nuevos, si se ha quedado la forma

del primer niño que lo utilizó, puede provocar malos apoyos, problemas a

la hora de caminar y provocar deformaciones o alteraciones de la forma

de andar para buscar el confort.

2. Los zapatos deben ser transpirables y de materiales naturales para

evitar el exceso de sudoración.

3. Es aconsejable que sean ligeros y no cuenten con costuras interiores

que podrían provocar rozaduras.

4. Además, la puntera debe ser ancha y alta para evitar que los dedos

queden encogidos; deben garantizar una buena sujeción con cordones,

hebillas o velcros; y es recomendable que tanto la zona del talón como

la caña del zapato estén acolchadas para garantizar mayor confort al

caminar.

5. La suela debe ser antideslizante, flexible y a la vez indeformable,

con un tacón de dos o tres centímetros y evitando que sean excesivamente

planos.