Noticias

...
10 de enero de 2019

p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Consolas; -webkit-text-stroke: #000000} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Consolas; -webkit-text-stroke: #000000; min-height: 14.0px} span.s1 {font-kerning: none}

En Uruguay existe la única editorial en Hispanoamérica especializada en

relatos y libros de cuentos de lectura accesible para niñas y niños que

tienen dislexia, dificultades lectoras o están aprendiendo a leer: se

llama Basilisa, y sobre ella hablan en Sputnik.

 

Basilisa la sabia, el tradicional cuento infantil ruso, caló hondo en la

vida de Mercedes Lafourcade, maestra y psicopedagoga fundadora y

directora de la editorial que tiene el nombre de la popular protagonista

rusa. Su abuela, inmigrante rusa, le regaló el libro cuando ella era una

niña. Lo leyó "1.000 veces" porque le "encantaba" la historia. Con

Basilisa Lafourcade despertó su avidez por la lectura y se convirtió en

una "buena narradora", lo que décadas después le permitió inventar y

desarrollar un proyecto único en el planeta.

 

Según dijo Lafourcade a Sputnik, entre el 5 y 10% de la población

infantil mundial tiene dislexia. En Latinoamérica se suma que los niños

hispanohablantes que viven en "una situación de deprivación cultural"

sufran "desnutrición del lenguaje": "Manejan mucho menos palabras" que

un niño que vive en un sector más culto.

 

Según información publicada por el semanario uruguayo Brecha, citado por

Lafourcade en un artículo que escribió para la página web de Basilisa,

se estima que las familias pobres utilizan, en promedio, 180 palabras

para comunicarse, mientras que las de sectores "más cultos" usan entre

2.000 y 3.000.

 

"Eso hace que su pensamiento se desarrolle menos, porque el pensamiento

es lenguaje. Entonces, si un pensamiento tiene pocas palabras

disponibles, [disminuyen] las posibilidades de establecer pensamientos

más complejos. ¿Qué va a pasar? No sólo no va a poder aprender lo mismo

que el resto […] sino que también la violencia va a suplir esa falta de

pensamiento o lenguaje", aseguró.

 

En ese sentido, Lafourcade se refirió a los últimos resultados de las

pruebas del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes

(PISA), un sistema estandarizado para evaluar los conocimientos de

estudiantes de 15 años aplicado por la OCDE (Organización para la

Cooperación y el Desarrollo Económico) que datan de 2016: "Dieron que

más del 50% de la población en Latinoamérica no comprende lo que lee. La

situación es grave. Eso genera una brecha enorme, no solamente con los

países desarrollados, sino que dentro de Latinoamérica hace que las

clases sociales se diferencian más, hay una brecha más grande".

 

"El conocimiento es cada vez más privilegio de una élite que está

pudiendo desarrollarse a través del lenguaje, literatura, de un

determinado aporte cultural que le da su entorno", resumió Lafourcade.

 

A pesar de que los resultados estaban a la vista, hasta mayo de 2017,

cuando Basilisa publicó su primer cuento (Milo y Manú) no existìan

libros ideados especialmente para ellos. Los cuentos creados por

Basilisa tienen características que buscan "revertir la gran

desmotivación hacia la lectura que existe en ese sector de la población".

 

"La dislexia no se va leyendo el libro —aclaró Lafourcade-, los cuentos

de Basilisa sirven como tratamiento paliativo para un niño de entre 8 y

12 años que está desmotivado, con un gran atraso en la lectura, y muchas

veces con gran atraso académico. Lo que hacemos y queremos resaltar es

que los niños con dislexia en realidad pueden leer libros, empezando con

una lectura fácil para después ir mejorando e ir leyendo cada vez más

libros", explicó.

 

Hasta enero de 2019 la editorial había publicado dos libros, el último

en diciembre de 2018 (Oba y Ema en el Ártico). El proyecto incluye la

publicación de seis títulos en total que serán testeados

científicamente. Después, tienen pensado publicar libros para niños

entre 5 y 6 años, y adolescentes.

 

A su vez, Lafourcade contó que la dislexia se diagnostica alrededor de

los 8 años porque "se dice que antes no se podría saber porque el niño

todavía no estuvo lo suficientemente expuesto a la enseñanza de la

lectura". La especialista considera que esa idea representa "el

paradigma de esperar el fracaso" del niño o la niña.

 

"El niño no solamente pierde una intervención a tiempo, que podría

revertir gran parte de sus dificultades, sino que [empieza a

desarrollar] problemas asociados, por ejemplo problemas emocionales,

porque empiezan a ver que ellos son inteligentes pero no pueden seguir

el ritmo de la clase, empiezan a ser rechazados por sus compañeros,

justamente por perderse el ritmo de la clase", explicó.

 

"La mayoría son niños que han tenido algún episodio de acoso escolar,

rechazo escolar, o desvalorización por parte de los mismos adultos, que

no logran comprender qué les pasa", agregó.