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1 de septiembre de 2019

Palabras migrantes, es un proyecto de talleres que ofreció la escritora

y artista visual Verónica Gerber Bicecci en escuelas de educación básica

de Estados Unidos, más precisamente Jackson Hole, Wyoming con el

objetivo de estudiar la forma de expresión de los niños latinos, dice NTR.

 

La herramienta principal para explorar el lenguaje, y el momento que

vive el español como lengua en ese contexto fue hacer emojis en un

contexto político y social pretrump sobre tres palabras clave: migrante,

frontera y traducción.

 

Sí, emojis. “Después de plantear conversaciones de reflexión con

respecto a esas palabras, los chicos diseñaban estos emojis que no

existen, o no existen como ellos los plantearon, fue un trabajo muy

interesante, salieron emojis impresionantes, alrededor de 250, al final

elegí 14; también entrevisté a las personas que estuvieron inmersas en

el proyecto, tratando de pensar en los dibujos que abren brechas

distintas para pensar esas palabras”, dijo Verónica en entrevista.

 

“Todo comenzó con la invitación a exponer con la curadora Cecilia

Delgado Masse en la Asociación de Arte, me invitó a desarrollar algo

sobre el lenguaje y propuse los talleres para hacer una pieza a través

de los talleres y un modelo que pudiera replicarse en otros grupos

aunque yo no estuviera allá. Hay una enorme relación entre hispanos y

angloparlantes y sus relaciones son casi siempre o distantes o

jerárquicas, el proyecto nace un poco de intentar acercar a las

comunidades de varias maneras”.

 

En la galería se expusieron los emojis que crearon los niños y además

una crónica que podía escucharse a través de audífonos donde Verónica

iba contando la historia detrás de las imágenes y los procesos por los

que pasaron los niños y adolescentes de entre 6 y 16 años. Ahora, el

sello editorial Impronta se encargó́ del trabajo editorial y elaboró

450 ejemplares numerados, impresos con tipos móviles y linotipia,

encuadernados a mano con la traducción de Christina MacSweeney.

 

“El emoji no es sólo una nueva forma de comunicación, tenía un afán de

poner en el centro algo que la cultura adultocentrista desdeña

regularmente, las cosas que hacen los milenial como los memes y los

emojis, estas manifestaciones de la cultura tecnológica que a mí me

parecen importantes y que creo que hay que detenernos a pensar, los

adultos no hacen más que subestimar eso o calificarlo de un error, de

que arruinan el lenguaje. Es importante hoy entender las imágenes como

supuestamente entendemos los textos”, dijo Gerber.

 

Trabajo. El sello editorial Impronta se encargó del trabajo editorial y

elaboró 450 ejemplares numerados, impresos con tipos móviles y

linotipia, encuadernados a mano con la traducción de Christina MacSweeney.

 

Para la autora hoy vivimos en un mundo de caligramática, no bombardeados

de una cantidad irrefrenable de texto ni de imágenes, sino de las dos

juntas. El contexto con el que se enfrentó a los jóvenes y adolescentes

de esas comunidades latinas en ese momento fue antes de las elecciones

en las que Donald Trump se convirtió en el presidente de Estados Unidos.

“Fue una radiografía de ese momento anterior, fue muy duro, los niños

son transparentes y a través de ellos y su manera de estar en el salón

de clases muchas situaciones se hicieron evidentes en su propia casa y

comunidad: creo que justo el texto intenta tratar de mostrar eso, esa

experiencia previa”, dijo.