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14 de marzo de 2019

Una nueva técnica de análisis a partir de una pequeña cantidad de

sangres, media cucharadita, podrá desvelar los primeros momentos de la

vida tras el nacimiento, y la evolución en la salud de los niños. Un

equipo internacional de investigadores ha obtenidoasí información

detallada sobre los primeros cambios moleculares que se producen en los

recién nacidos. Estos datos podrían ayudar a medir el impacto que la

dieta, las enfermedades, la salud de la madre o las vacunas pueden

llegar a tener en el desarrollo de su vida, dice COLPISA.

 

El trabajo, publicado esta semana en 'Nature Communications', ha sido

realizado por el equipo de investigación del Programa Ampliado de

Consorcio de Inmunización (EPIC), que incluye la Escuela de Higiene y

Medicina Tropical de Londres, el Hospital Infantil de Boston, la

Universidad de Columbia Británica y el Instituto de Investigación Médica

de Papua Nueva Guinea.

 

«La mayoría de las infecciones en el mundo ocurren temprano en la vida,

y los recién nacidos tienen la mayor susceptibilidad y los peores

resultados», dice Ofer Levy, director del Programa de vacunas de

precisión en el Hospital Infantil de Boston y autor principal del

estudio. «Este trabajo proporciona una valiosa ventana a la salud y la

enfermedad en la primera semana de vida», agrega.

 

Hasta ahora, el mayor obstáculo para recopilar datos sobre el desarrollo

de los recién nacidos era conseguir una muestra de sangre

suficientemente grande. Para superarlo, el equipo ha utilizado un

sofisticado software que con media cucharadita de sangre es capaz de

analizar datos complejos y obtener información muy detallada.

 

Miles de cambios desconocidos

 

Los resultados fueron sorprendentes y pusieron de manifiesto que durante

la primera semana de vida se producen miles de cambios en el organismo,

incluyendo cambios en el ADN y en los componentes de la defensa

inmunológica. «La clave de nuestro análisis fue comparar a cada recién

nacido el día 1, el día 3 y el día 7 con su propia condición de base el

día del nacimiento. Fue entonces cuando descubrimos cambios moleculares

dramáticos impulsados por el desarrollo», explica Levy.

 

Los investigadores probaron en un grupo de bebés de Gambia, en África

occidental, después de obtener los permisos correspondientes y el

consentimiento de las madres. Posteriormente, compararon los resultados

con un segundo grupo de recién nacidos de Australasia.

 

Los hallazgos mostraron que existe una vía de desarrollo común en la

primera semana de la vida de un recién nacido, y que los cambios no se

producen al azar. Todo ello, proporciona una base para conocer mejor el

estado de salud de los recién nacidos, sus respuestas a intervenciones

médicas clave, y el impacto que pueden tener en ellos factores como la

dieta, las enfermedades, la salud de la madre o las vacunas.

 

«El conocimiento sobre los procesos de desarrollo clave durante los

primeros días sigue siendo escaso, pero este estudio cubre algunos de

esos vacíos cruciales», expresa Beate Kampmann, profesora de infecciones

pediátricas e inmunidad y otra de las autoras del trabajo. En su

opinión, se pueden prevenir hasta dos tercios de las muertes de recién

nacidos si se proporcionan medidas de salud efectivas al nacer y durante

la primera semana de vida: de los 5,4 millones de muertes de niños

menores de cinco años por año, aproximadamente la mitad ocurren durante

el período neonatal, es decir, el primer mes de vida«.

 

Analizar el impacto de las vacunas

 

Los investigadores están especialmente interesados en estudiar el efecto

de las vacunas en los primeros estadios de vida. «Los recién nacidos

tienen una protección muy limitada contra la infección en la vida

temprana y existe una necesidad urgente de optimizar medidas de

protección, incluidas las vacunas, utilizadas en este grupo de edad »,

explica Kampmann.

 

«Las respuestas de los recién nacidos a la inmunización son distintas de

las de las personas mayores», señala Levy. «Actualmente, la mayoría se

desarrollan por prueba y error. Buscamos información molecular profunda

sobre la función de la inmunización en la vida temprana para poder

desarrollar mejor las vacunas infantiles para el futuro», añade.