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8 de noviembre de 2019

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La inseguridad y la falta de espacios verdes, en suma, el ambiente en el

exterior de los hogares es lo que disuade a los padres, sobre todo en

vecindarios desfavorecidos, de permitir que los niños jueguen en la

calle, según un nuevo estudio del que informa Lukor.

 

El estudio ha encontrado que la disminución del juego al aire libre,

particularmente el juego sin supervisión o independiente entre los niños

y adolescentes, puede afectar su desarrollo físico, emocional y social.

 

Los barrios pobres tienden a tener menos acceso a espacios verdes de

calidad, parques o patios de recreo y a aceras espaciosas y bien

mantenidas, según el estudio, que aparece publicado en el International

Journal of Environmental Research and Public Health.

 

«Los factores del barrio influyen en la práctica de la crianza para

jugar al aire libre», dice la primera autora Maura Kepper, profesora

asistente de investigación de la Escuela Brown de la Universidad de

Washington en San Luis.

 

«Es posible que se necesiten actuaciones a nivel comunitario que se

centren en factores ambientales tanto físicos como sociales y que se

adapten al vecindario y a la población para reducir el miedo de los

padres con respecto a los juegos al aire libre, aumentar la actividad

física y mejorar la salud y el bienestar de los jóvenes en desarrollo»,

dice.

 

Los investigadores entrevistaron a los padres de adolescentes en barrios

del sureste de Louisiana, tanto de bajos como de altos niveles de

ingresos, para identificar los factores que influyen positiva y

negativamente en la decisión de permitir a sus hijos salir a jugar al

aire libre.

 

La supervisión, la hora del día y la ubicación del juego influyeron en

gran medida en las decisiones de los padres. Los factores físicos, como

la ausencia de coches circulando, son tan importantes como los factores

sociales, como la delincuencia.

 

La cohesión social en los barrios también influye en las decisiones de

los padres. Por ejemplo, las madres que vieron a otros niños jugando

afuera en el vecindario se sintieron más cómodas dejando que sus propios

hijos jugaran afuera.

 

«Este trabajo demuestra la necesidad de enfoques multifacéticos y

multiniveles que cruzan disciplinas, organizaciones y culturas para

promover el juego al aire libre a través del cambio en las prácticas de

crianza de los hijos», dice Kepper.