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10 de enero de 2019

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Se estrena en salas comerciales argentinas "A oscuras" (2019), dirigida

por Victoria Chaya Miranda y con  guion de Carla Scatarelli. En esta

obra coral, dramática y oscura como su título indica, la directora de

"Eso que llaman amor" (2015) relata tres historias de personajes que

transitan situaciones límite.

 

Ana (Guadalupe Docampo) es una joven que llega a Buenos Aires con la

ilusión de lograr el éxito como bailarina pero cae en una relación

abusiva con su novio Victor ( Alberto Ajaka) que le impide seguir su

sueño. Lola (Ester Goris) fue en su momento una gloria del cine

nacional. Hoy apenas atrae algún espectador a una solitaria sala de

teatro y tiene un único e incondicional amigo y admirador (Germán De

Silva). El dolor por algún hecho terrible de su vida le ha llevado a

caer en la adicción al alcohol y los fármacos y es incapaz de

relacionarse con el afecto. Lucio (Francisco Bass) es joven y exitoso.

Dirige un local nocturno que sirve de pantalla para el auténtico

negocio: la prostitución y el tráfico de drogas. Sin límites en su

ambición, es capaz de involucrar a personas que quiere con sus negocios

sucios.  Hay un cuarto personaje, el taxista interpretado por Arturo

Bonín que sirve de nexo entre los personajes.

 

El punto en común de las tres historias narradas es que se desarrollan

principalmente durante la noche, hecho que refuerza la oscuridad en la

que viven sus protagonistas, conscientes de que la vida les puso a

prueba pero incapaces de superarla. ¿Lo lograrán? Esa es la tesis de la

película.

 

Los recursos que utiliza la cinta para contar historias tan dolorosas

son adecuados. La noche porteña y sus miserias se ven bien reflejadas y

la decadencia de una estrella en descenso está bien definida por su

mansión, opulenta algún día y decadente en la actualidad.

 

"A oscuras" hace una apuesta fuerte en cuanto a la temática que trata.

Pero toca demasiadas  asuntos -que van desde la violencia de género, la

explotación sexual, las adicciones, la soledad y el olvido, la ambición

desmedida y la falta de escrúpulos morales- para una sola película. No

es que no sean cuestiones válidas o fuera de actualidad. Pero el relato

no pasa de ser superficial y anecdótico sin que profundice en ninguno de

los personajes. Las actuaciones de Goris y Docampo  palian en cierta

medida esta superficialidad pues aportan drama y credibilidad a sus

torturados personajes. Pero no llega a ser una cinta redonda. Algo está

faltando… o sobrando.