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August 5, 2019

 

Con la llegada de agosto empiezan de nuevo las clases. Vuelve la rutina

para los niños, y no todos lo llevan bien. Si algunos están encantados

de reencontrarse con sus compañeros, otros se deprimen. Este artículo de

El Mundo puede darte algunas claves para aliviar esa tensión.

 

El primer día de colegio es "para los niños un día de sentimientos

encontrados", afirma Javier García director del Centro de Atención a la

Infancia y la Adolescencia. "Por un lado, la alegría de volver a ver a

los amigos a quienes contar todo lo sucedido en las vacaciones y, por

otra parte, el verse otra vez más sumergido en un mundo lleno de normas

y ataduras después de una plena libertad". Aunque para la mayoría de los

niños no suele haber problema, lo mejor es pintarles la escuela como

algo divertido donde van a ir a aprender y a jugar. Explicarles los

cambios, que habrá nuevos profesores y compañeros, "simplemente, los

niños tienen que adaptarse a la nueva situación después de casi 3 meses

de vacaciones. Además, su capacidad de adaptación es mucho mayor que la

de cualquier adulto". Lo fundamental es tener una buena actitud hacia

las clases y la vuelta a la rutina. "Hay que resaltar siempre la parte

positiva y no la negativa, la frase 'A mi tampoco me gusta ir a

trabajar' no es útil en estos casos", afirma la psicóloga infantil Irene

Hidalgo.

 

Hay que quitar importancia a las rabietas

 

Si no quieren ir a clase por alguna razón de poco peso lo principal es

no entrar en su juego, pues pueden usar todo tipo de chantajes para

salirse con la suya. "No hay que dejarse llevar por sus quejas, pero

tampoco quitarles importancia. En ocasiones puede haber algo más de

fondo, como bullying, falta de habilidades sociales, no entendimiento

con los profesores o problemas de adaptación con el centro", afirma

Hidalgo. Sobre todo en las etapas de guardería y preescolar los padres

deben armarse de paciencia. Hay que intentar que la despedida sea lo más

rápida posible, "que nos vean felices, fuertes, sin pena por dejarlos

allí. Si el niño se pone a llorar no hay que quedarse hasta que se

tranquilice. Si nos quedamos le haremos la despedida aún más larga y

estresante".

 

Implicarles en la rutina

 

Para facilitarles el cambio, los días previos al inicio de la escuela es

aconsejable comenzar con las rutinas, como si hubieran empezado ya las

clases, para que no sea un cambio muy brusco, y decirles el día exacto

que empiezan el colegio para que no les coja por sorpresa. Una buena

táctica, según Hidalgo, es dejarle con gente que no forma parte del

núcleo familiar unos días antes, para que se vaya adaptando a no estar

entre su círculo de confianza. Otra forma de implicarles en el proceso

es la de hacer planes relacionados con la escuela, "ir a comprar

material escolar, quedar con amigos de la escuela o incluso hacer una

quedada de mamás y papás".

 

Horarios y normas acordadas

 

Normalmente los adolescentes y los niños más pequeños, hasta los 5 años,

son los que más les cuesta volver. La separación de sus padres es más

difícil en esas edades, pero según se van haciendo mayores entienden la

situación y se lo toman de otra manera, ven la parte positiva de volver

a ver a sus amigos. El psicólogo García aconseja que, para empezar hay

que poner unas normas claras que se puedan cumplir y hacerles partícipes

de ellas. "No significa que ellos decidan, porque las normas las ponemos

nosotros y eso tiene que quedar muy claro. Pero así conseguimos que no

lo vean como una imposición", aclara Javier. Lo que entendemos como

normas son horarios y rutinas básicas: hora de levantarse, del desayuno,

ir al colegio, comida, tiempo de deberes, cena y hora de acostarse. A

partir de ahí, cada niño y familia es un mundo. Lo que sí hay que hay

que tener claro es que tanto padres como niños, abuelos o cuidadores

deben respetar esas rutinas acordadas. Es mejor introducirlas poco a

poco, "hay que adaptar la alimentación y el sueño alrededor de dos

semanas antes, adelantar la hora de la cena y de acostarse, con mucha

ilusión sobre todo", afirma Hidalgo.

 

Menos deberes y más aburrimiento

 

No es nada aconsejable cargar a los niños en casa con excesivos deberes

y actividades extraescolares. Deben tener tiempo libre para jugar y

aburrirse, para que puedan desarrollar la imaginación. Según la OCDE,

emplear más de cuatro horas a la semana en hacer tareas escolares es

claramente ineficaz y no tiene frutos positivos en los resultados

finales. Para García, "lo ideal es que lleguen a casa, hagan los deberes

y puedan hacer alguna actividad que les motive. Pero no pretendan hacer

de los niños pequeños adultos con horarios mayores que los nuestros". Lo

recomendable, añade Hidalgo, es tener una o dos por semana, que ocupen

dos o tres tardes como mucho. Las actividades lúdicas con un eje físico,

como el baile o el baloncesto, son buenas para aprender a trabajar en

equipo y mejoran la tolerancia y la frustración. Por otro lado, las

actividades creativas, como teatro o pintura, fomentan su creatividad y

les ayudan a expresarse. Lo fundamental es que "se elijan las

actividades por la motivación del niño, no de los padres".

 

Lo mismo en cuanto a las clases y academias extraescolares. En la rutina

de tareas la mayoría de los niños no necesitan ayuda externa con sus

deberes en un principio, excepto en casos de niños con problemas

específicos. Es fundamental que el niño se implique si asiste a clases

de apoyo, si va obligado no le va a servir. En caso de que no crea

necesitar ayuda, es mejor que aprenda de forma autónoma en casa. Sino "a

veces es peor, porque ponemos la academia como castigo", afirma Isabel

Hidalgo, "lo fundamental es que el profesor les explique, que les enseñe

a razonar y que no le haga sólo los deberes".